JOSÉ MANUEL PONTE
El ex ministro israelí de Asuntos Exteriores Shlomo Ben Ami, que fue también embajador en España, ha escrito un interesante artículo sobre la posibilidad de que la campaña del presidente norteamericano Barack Obama en contra de la proliferación del armamento nuclear pueda afectar a su país, la sexta potencia atómica del mundo, pese a que esa condición no fue nunca oficialmente reconocida. Una situación absurda basada en la hipocresía y en la doble moral que podría concluir si Israel acepta firmar el Tratado de No Proliferación de armas nucleares, tal y como le sugiere la nueva administración en Washington. Ello obligaría a los israelíes a renunciar a su arsenal atómico y serviría de moneda de cambio para exigir a Irán que suspenda su proyecto de conseguir lo mismo. Recientemente, el secretario norteamericano de Defensa, Robert Gates, declaró entender el deseo de los dirigentes iraníes de hacerse con armas nucleares porque están rodeados de países que sí disponen de ellas, como Pakistán, India, Rusia e Israel. La posibilidad de que tal cosa suceda es problemática porque la solución pasaría no sólo por desnuclearizar Oriente Medio, la zona más conflictiva por sus reservas de petróleo, sino también por extender esa medida al resto del mundo. Y no sabemos de ningún perro que quiera quedarse voluntariamente sin dientes. Todo esto me trae a la memoria la extraña aventura en que se vio envuelto un querido pariente, el capitán mercante Francisco Cousillas, que mandaba el barco en el que se trasladaron secretamente a Israel 200 toneladas de uranio para fabricar las primeras bombas atómicas de ese país. Era el mes de noviembre de 1968 y Cousillas estaba entonces en Hamburgo a cargo del Scheersberger A, un carguero de 6.000 toneladas con bandera liberiana de conveniencia, cuando los armadores le ordenaron tomarse unas vacaciones junto con su tripulación para permitir que otra firma contratase el barco a casco desnudo por un mes. Se trata de una práctica corriente en la marina mercante (charter) y Paco cumplió la orden hasta que lo llamaron para que se hiciese de nuevo con el mando el 6 de diciembre en el puerto italiano de Palermo. Le extrañó bastante que no quedase reflejado en el libro de a bordo el rumbo que había llevado el barco durante su ausencia. Y esa extrañeza fue en aumento cuando poco después fue abordado por agentes aduaneros alemanes en el estrecho de Kiel para que les aclarase el misterio. Hizo una serie de averiguaciones infructuosas por su cuenta hasta que nueve años después toda la prensa internacional se hizo eco de un comunicado de la CIA en el que se desvelaba la clase de cargamento que se había trasladado a Israel. En realidad, el Scheersberger A, tripulado por agentes del servicio secreto israelí, llevaba en sus bodegas 200 toneladas de uranio procedentes de un país africano con destino a una central nuclear secreta del desierto del Neguev. Paco ya esta retirado y el resto de la tripulación, con mayoría de gente de Corme, Camariñas y Camelle, también.