JOSÉ LUIS QUINTELA JULIÁN
Podría parecer el nombre de una patología rara, de esas que nos asombran e inquietan de vez en cuando. Pero no, se trata de una situación vital para muchas personas, cuya etiología es muchas veces directamente fruto de la codicia, de esa que hace que algunos directivos entiendan la empresa como un foro donde sólo unos pocos están llamados a ganar. Craso error, por otra parte, habida cuenta de que la empresa verdaderamente triunfadora es indudablemente aquella que sabe permear riqueza y generar ilusión a todos sus grupos de interés, en el que están incluidos, sí o sí, los trabajadores de todos los niveles de tales corporaciones. El mileurismo, o la remuneración mensual líquida de un trabajador por debajo de la franja de los 1.100 euros, es una rémora del sistema productivo español. Y todo ello a pesar de que, desde ciertas instancias, se siga viendo miope y erróneamente el capítulo salarios como la mayor amenaza de la competitividad española. Hacer esa lectura es meternos a todos a medio plazo en el furgón de cola del tren del progreso, intentando hacernos un sitio en la vorágine de las economías que compiten por precio, y no por excelencia o innovación.
El caso es que toda esta disquisición me viene a la cabeza leyendo la noticia que ayer nos presentaban los periódicos, y que tiene que ver con el dato de que casi un setenta por ciento de los gallegos están hoy en unos ingresos mensuales en torno a los antedichos mil euros. Son datos avalados por las instituciones del Estado, con lo que difícilmente pueden ser sospechosos de incorrectos, tendenciosos o planteados para generar conflicto. Y constituyen la cruda realidad, en una sociedad que ha ido apostando en las últimas décadas por un empleo precario y poco estimulante, así como por una falta absoluta de creatividad y de innovación tanto en la esfera empresarial como en la laboral. Una sociedad que, además, ha castigado el estudio y la excelencia académica, y que ha premiado el "café para todos" y la falta de miras. Con tales mimbres?
Y Galicia, como no, en uno de los últimos puestos de todo este desaguisado. Coyuntura económica desfavorable aparte, muchas empresas han ganado abundantemente en los últimos años sin que esto se haya reflejado en la nómina de sus empleados. Se sigue confundiendo generar riqueza con un lamentable espectáculo de rapiña y especulación. Y, como no, teniendo como uno de sus pilares más consolidados un empleo precario y frágil. Así no vamos a ninguna parte, excepto a la lógica de la maquila, la excesiva concentración de la riqueza y, como consecuencia, de la pobreza.
En la sociedad en que vivimos, y cierto grado de fraude fiscal aparte -nótese que muchos de los autodeclarados como mileuristas son autónomos-, a veces es difícil entender cómo una familia o, incluso, una persona puede vivir con esas cantidades tan exiguas. Y, por favor, no hagan el truquito de pasar a pesetas? Las pesetas ya no existen, y la panoplia de precios en la que nos movemos es la asociada al euro? Todo por las nubes y el setenta por ciento de nosotros viviendo con mil eurillos? Así no hay manera.
Los salarios han de ser contenidos y ajustados a las posibilidades reales del mercado y la empresa en cada momento. Pero para todos.
Para el capitán del barco también, en un esquema de remuneración estimulante y retador, que permita crecer y, claro que sí, obtener de forma pareja beneficios para el accionista y un mayor sueldo para el trabajador por cuenta ajena.
Dicen que la persona es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Me llega que, superada la histeria de la crisis en algún ámbito, se vuelven a plantear verdaderas salvajadas en las opciones y los sueldos de algunos directivos de corporaciones multinacionales. Esas mismas que han sido subvencionadas con nuestros dineritos, o los del contribuyente de otros países, pero que después siguen especulando con nuestros activos? Y, mientras, los salarios bajo mínimos y una lógica, desde algunos agentes económicos, absolutamente irresponsable.
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