VÍCTOR MANTECA VALDELANDE
Antes de acabar las vacaciones encuentro la reciente publicación, en un solo volumen, de las novelas de Ripley en las que Patricia Highsmith nos relata la turbulenta vida de dicho personaje, con quien alcanzó la cumbre en el ámbito de la novela de intriga. Al tiempo amable y educado, esquivo y altamente peligroso, Ripley protagoniza los títulos A pleno sol, La máscara de Ripley, El amigo americano, Tras los pasos de Ripley y Ripley en peligro, que relatan historias de un delincuente a quien nunca logra atrapar la policía; fueron novelas muy famosas, hace algunos años, cuyos valores siguen descubriendo las nuevas generaciones de lectores.
En la primera edición publicada en 1955, la autora revelaba algunos aspectos del pasado de Ripley, huérfano desde los cinco años y criado en Boston por una tía despótica y amargada y al cumplir los veinte años marchó a vivir a Nueva York. El argumento de la primera novela marcó el tono de toda la serie en que Ripley trabaja para un rico naviero que le encarga un viaje a Italia y allí se acostumbra a la vida adinerada de la que no quiere apearse y se ve complicado en un par de asesinatos, argumento desarrollado en un marco de dobleces personales donde late la convicción de que el delito puede quedar impune y no es difícil escapar de la justicia. Patricia Highsmith tardó veinticinco años en recuperar el personaje en La máscara de Ripley, donde, retomando la misma línea argumental, sitúa al personaje en una vida ociosa y adinerada y casado con una rica heredera que comienza a sospechar del origen incierto de la fortuna de su esposo, que, aunque vive alejado de la delincuencia organizada, comete delitos de otro tipo como falsificaciones de obras de arte. Sin embargo, en obras posteriores como El amigo americano, Ripley estará en contacto pleno con la mafia y en la última entrega de la serie, publicada en 1991, puede verse al protagonista huyendo de la policía y de viejas amistades que conocen demasiado de su antigua vida. El conjunto de la serie transmite una sensación de que, a veces, los avatares de la vida no pertenecen por entero a las personas que los viven y de que en ellos pueden colarse impunemente otras gentes que se adueñan de la capacidad de decisión de cada uno.
Graham Greene dijo que Highsmith había creado en sus obras un mundo irracional y tenebroso ante el que solo se penetra con una profunda sensación de riesgo francamente acrecentada por la habilidad con que la autora logra intercambiar la vida cotidiana de sus personajes con la faceta oscura de las situaciones de peligro que se escapan del control. De modo que, aunque parece que los asesinatos y otros delitos graves podrían haberse evitado hasta el último momento, cuando efectivamente se producen, la autora remata el escenario transmitiendo un clima de fatídica tragedia.
Muchos se han preguntado si Highsmith, nacida en Texas, tendría ciertas cualidades atribuidas a Ripley, pues sus padres se divorciaron cinco meses antes de su nacimiento y fue educada por su abuela, además no conoció a su padre hasta cumplir los doce años, y las relaciones con su madre fueron poco cariñosas, pues ésta llegó a contar a su hija sus intenciones de abortar estando embarazada de ella, lo cual nunca llegó a superar, totalmente, la escritora. Por otra parte autora y personaje coinciden en su marcada afición por la soledad y una cierta misantropía que se repite en las escenas en que Ripley siente alivio cada vez que cierra su habitación quedando a solas, lo cual solía ocurrir de igual modo con Highsmith, que, siendo lesbiana, jamás pudo mantener una relación amorosa continuada.
Su primera novela, Extraños en un tren, publicada en 1950 antes de cumplir los treinta años, tuvo gran éxito y fue llevada al cine por Alfred Hitchcock, que escogió a Raymond Chandler, uno de los grandes de la novela negra, para que le escribiera el guión; pero éste quedó asombrado por la falta de verosimilitud de la historia relatada (dos hombres, arquitecto y psicópata, que se encuentran en un tren, llegan a un acuerdo para que cada uno de ellos asesine a su propio enemigo de manera que cada cual tuviera una coartada perfecta), y por ello alertó a Hitchcock de que podían hacer el ridículo rodando esa película, que, sin embargo, está considerada como una obra maestra del suspense. La siguiente novela que se llevó a la pantalla fue A pleno sol, con Ripley como protagonista interpretado por Alain Delon en un filme dirigido por René Clement, hace, ahora, diez años. Más adelante, Anthony Minghella volvió sobre el mismo tema, para rodar una película protagonizada por Matt Damon, Gwyneth Paltrow y Jude Law; pero sin duda la versión cinematográfica más conocida de las novelas de Highsmith sea El amigo americano de Wim Wenders, con Dennis Hopper como protagonista y un reparto en que brillaba Bruno Ganz. Finalmente, también cabe recordar a Liliana Cavani, que adaptó la novela bajo el título El juego de Ripley con John Malkovich frente al equipo de actores.