JOSÉ MARÍA ECHEVARRÍA
La referencia a Beethoven es insoslayable al tratar del aborto eugenésico, el practicado para evitar el nacimiento de una persona con discapacidad. Copio de internet una versión abreviada. El profesor pidió atención a la clase. "Damas y caballeros", comenzó, "pronto serán doctores. Ahora, vamos a suponer que tienen frente a ustedes a una pareja que necesita consejo. El esposo tiene sífilis y la esposa, tuberculosis. Ya tienen 4 hijos: uno es ciego, otro es sordomudo, otro tiene tuberculosis y el cuarto es deforme. La madre está esperando de nuevo. Ambos, el esposo y la esposa, aceptan la posibilidad de un aborto, pero les dejan la decisión final a ustedes. Futuros doctores, ¿qué les aconsejarían? Bajo tales circunstancias, ¿debería abortar?". Se dejó que la clase tuviera unos minutos para meditarlo y luego se hizo una votación. La mayoría de los estudiantes estaban en favor del aborto en dichas circunstancias. "Felicidades", dijo el profesor a los estudiantes, "¡acaban ustedes de matar a Beethoven!". Ahora es la española Ana Peláez, vicepresidenta del Comité de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, quien afirma: "Lo que tengo claro es que con esta legislación -se refiere a las leyes que permiten el aborto existiendo presunción de discapacidad en el feto- yo quizás no habría nacido..." Su trauma fue nacer ciega. Pero tanto Beethoven como Ana Peláez son ejemplos del absurdo del aborto eugenésico. La vida ya concebida, augure fallos o dotes excepcionales, es válida por sí en todo caso.