PONTE (Y SEGUIDO)
Desde que don Pedro Pacheco, alcalde de Jerez durante muchos años, dijese aquella famosa frase de que "la justicia en España es un cachondeo", los periódicos no han dejado de destacar todas aquellas noticias que pudieran confirmar la supuesta veracidad del aserto. Los casos son numerosos y de muy variada condición. Recordemos algunos de los más sonados. Una acusada de terrorismo es puesta en libertad provisional por un defecto de forma en una causa de extradición, y se fuga. Un peligroso narcotraficante extranjero aprovecha un permiso penitenciario (por una depresión que pudiera haberle inducido al suicidio) para huir del país. Un maltratador contumaz, y condenado al alejamiento, es premiado con la custodia de su hija porque la mujer de la que está separado no cumplió un día con el régimen de visitas ante el lógico temor a ser agredida nuevamente, etc, etc. Por no hablar de esos dos famosos financieros que se beneficiaron de la prescripción de los delitos de los que estaban acusados gracias a la lentitud de la propia maquinaria judicial en la tramitación del procedimiento. La lista es larga y a ella ha venido a sumarse un asunto menor aunque dará bastante juego en los medios. Me refiero a la decisión del Ayuntamiento de Marbella de despedir de su puesto de trabajo a don José Antonio Roca, asesor de urbanismo (es un sarcasmo) en la etapa municipal de Jesús Gil y presunto cerebro de la llamada operación Malaya. El señor Roca lleva un tiempo en la cárcel acusado de varios delitos. Por dos de ellos (tráfico de influencias) ya ha sido condenado y, aunque la pena impuesta no lleva aparejada la prisión, continúa entre rejas ante el peligro cierto de una fuga, en tanto aguarda juicio por los restantes. A los medios les hace gracia que el Ayuntamiento de Marbella alegue como causa del despido las reiteradas faltas al trabajo del señor Roca mientras permanece en prisión, y que el señor Roca, a su vez, recurra la decisión como improcedente al tiempo que reclama los salarios no devengados a razón de 9.000 euros al mes desde el día en que fue detenido. En el contexto de la operación de saqueo sistemático del Ayuntamiento de Marbella el montante económico de este incidente es una nimiedad, pero tiene un valor simbólico no despreciable. Me refiero al hecho, cada vez más habitual, de que los saqueadores del patrimonio público tengan nómina y despacho dentro de la institución en la que roban por distintos y sofisticados procedimientos. Pero que nos reclamen los salarios no devengados en caso de ser descubiertos y detenidos, ya es el colmo. En el imaginario popular antiguo, los ladrones venían siempre de fuera y entraban en las casas forzando puertas y ventanas, normalmente de noche o durante una ausencia. Solían ir con el rostro oculto por un antifaz y pasaban sus peligros porque podían resbalar en el tejado y romperse la crisma. Qué equivocados estábamos. Ahora viven dentro, además de lo robado cobran sueldos magníficos, y viajan en coche oficial. Y algunos hasta gozan de buena fama y apoyo electoral mayoritario.
El personaje de la foto es, por supuesto, el señor Roca.