JOSÉ MARÍA ECHEVARRÍA
. l lenguaje futbolístico nos proporciona expresiones usadas también con éxito en otros terrenos fuera del exclusivamente deportivo. Así por ejempls alabamos al que sabe regatear, hacer un dribling, dejando sentado al oponente falto de cintura, valorando que tener cintura es cualidad muy apreciada porque te lleva a cambiar de postura con enorme rapidez, y sin que peligren tus vértebras, característica valiosísima socialmente sobre todo si el cambio es en asuntos en los que aparte del interés personal hay un notable acostumbramiento. Algo así, en el terreno de los hábitos, concretamente del tabaco, le ocurrió a un buen amigo mío cuando tras un chequeo médico le anunciaron que padecía, aparte de otras dolencias, una bronquitis tabáquica. Entre esa indicación, y la insistencia de su mujer, al salir de la consulta fue directamente a la papelera la cajetilla mediada de cigarrillos que llevaba en el bolsillo. La decisión, heroica para un fumador empedernido como él, estaba tomada y sellada con un gesto contundente: había que cortar con el tabaco a rajatabla. Pero, ¡cosas del destino!, cuando a los pocos días llegó a su domicilio el informe médico por escrito en que se detallaban medicaciones y más cuidados, al leer con asombro la recomendación de reducir el fumeteo y no pasar de 10 cigarrillos al día, inmediatamente fue al estanco a por tabaco. Eso es tener cintura, y, por otro lado, escasa determinación en la acción heroica que había emprendido jornadas antes.