FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS
Se ha visto de todo. Creánme que aún así al ciudadano del común le sigue causando perplejidad que un dirigente político de cierto nivel pueda cometer la torpeza de no solicitar la autorización municipal pertinente para hacer obras en su casa, sabiendo que sus oponentes le vigilan no tanto para defender el interés general, sino más bien para pillarle en un renuncio y desacreditarlo. Nadie espera ya que un cargo público observe una conducta ejemplarizante. Sin embargo, sorprende que no tenga en cuenta el riesgo que corre y el coste que para su imagen puede tener el incumplimiento de alguna obligación, sea por ignorancia o por dejación.
Viene esto a propósito del supuesto expediente que la Axencia da Legalidade Urbanística de la Xunta le abre al secretario general del Pesedegá por la reconstrucción integral de una casa de piedra en el municipio ourensano de San Amaro, cuando sólo había tramitado una solicitud de licencia para retejarla. El asunto lo sacó a relucir el PP en la precampaña electoral. Ahora los populares vuelven a la carga denunciando que esa irregularidad le permitió a Pachi Vázquez ahorrarse dos millones de las antiguas pesetas, que no le habrían venido nada mal a las escuálidas arcas de un modesto concello.
Vázquez, que fue alcalde, sabe tan bien o mejor que nadie hasta qué punto es práctica generalizada, sobre todo en el ámbito rural, que la gente construya una vivienda con licencia para un simple galpón o que pida permiso a su ayuntamiento para una pequeña reforma que al final se convierte en una rehabilitación en toda regla. La mayoría de los alcaldes, y de todos los colores, actúan en este campo con una permisividad que no es inocente, sino interesada, porque saben que el beneficiario de esta tolerancia urbanística la agradece profundamente y en la mayoría de los casos la premia con su apoyo electoral. Ser riguroso en aplicación de la ley no reporta votos. Por eso los gobernantes municipales más duraderos de este país lo han sido en gran parte gracias a la aplicación de la conocida máxima de "ti vai facendo", con resultados que a la vista están en forma de feísmo cuando no de auténticas aberraciones.
En el caso de Pachi Vázquez, el problema es otro. Y es que la conciencia popular no cree que sea bueno confiar la casa de todos a quien no sabe arreglar la suya propia o la arregla mal, por ejemplo, saltándose las obligaciones legales. A ese flanco es justo a donde va dirigido el ataque del PP, cuyos responsables están incluso sorprendidos de que el ex conselleiro socialista se lo siga poniendo tan fácil al no haber sido capaz de regularizar la situación, a sabiendas de que los populares seguían encima del asunto y además, desde la Xunta, podían hacerle aún más daño que con las simples denuncias periodísticas. Lo suyo -sirva el juego de palabras- es una error como una casa.
También es sorprendente que Pachi no haya encontrado otra forma de reaccionar que anunciando demandas judiciales a troche y moche. Si el Ayuntamiento de San Amaro no tramita licencias hace años, Vázquez, desde las responsabilidades que tuvo en la Xunta, algo podría haber hecho, en su interés y en el del resto de sus vecinos. Lo de ahora se parece demasiado a una pataleta, por aquello del tarde piaches.
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