JOSE MANUEL PONTE
El Banco de Santander, entidad que ya ha cumplido 152 años de existencia, reunió en la capital de Cantabria a 350 expertos internacionales en inteligencia emocional para que le ayuden a mejorar el nivel de rendimiento de sus directivos y empleados. La inteligencia emocional es un campo de investigación de la psicología que desarrolló, entre otros, el profesor norteamericano John Mayer, quien sostiene que en el mundo occidental continúan vigentes algunos esquemas arcaicos derivados del estoicismo griego que consideraba la lógica como la única fuente fiable de la información que recibe el ser humano, desdeñando las emociones como elementos perturbadores. Pongamos un ejemplo práctico. Abandonados en la selva, y ante la presencia cercana de un tigre, uno aprende más rápida e intensamente nociones sobre la fiereza del animal y sobre la forma de esquivarla que leyendo un libro de zoología en un tranquilo rincón de una biblioteca pública. Caso de que se sobreviva a la experiencia, claro. Los expertos reunidos en Santander aportaron algunas conclusiones muy válidas, sobre todo para los dueños del banco y patrocinadores del evento. He anotado dos de las que me parecieron más reseñables. La primera de ellas concluye que la emoción predominante en el mundo laboral es el enfado mientras que la alegría sólo está presente en contadas ocasiones. Y la segunda constata que los mejores sueldos corresponden a los que tienen mayor inteligencia emocional. La cosa es de perogrullo y no hace falta ser un experto en psicología para llegar a ese resultado. Todos sabemos que la inmensa mayoría de los que van a trabajar por unos modestos salarios siempre estará menos alegre que la selecta minoría directiva que cobra sueldos estratosféricos. En el acto de clausura del congreso, don Emilio Botín, que es presidente del Banco de Santander, se definió a sí mismo como un "hombre optimista" que sabe escuchar y ponerse en el lugar de su interlocutor; además de ser flexible, adaptarse a las situaciones cambiantes, reconocer los errores propios y gestionar sus impulsos con la cabeza fría. Es decir, un ejemplo viviente de inteligencia emocional en su grado más alto de excelencia. La evolución del señor Botín hacia la filosofía y la espiritualidad oriental en los últimos años ha ido en paralelo con el espectacular crecimiento de los beneficios de su banco. En una de las juntas de accionistas reconoció ser lector asiduo de Sun Tzu, el famoso militar chino que escribió hace dos mil años El arte de la guerra, hoy en día libro de cabecera de importantes ejecutivos financieros. Una de sus máximas más celebres es esta: "Es mejor ganar sin luchar", lo que traducido al mundo de de los negocios podría expresarse como "es mejor ganar mucho sin trabajar demasiado". Desconozco en qué medida la adopción de técnicas relacionadas con la inteligencia emocional puede mejorar el rendimiento de los empleados del Banco de Santander, una entidad que se ha apropiado del color rojo de los revolucionarios comunistas como divisa comercial exclusiva y decora sus sedes con una estética pseudo-budista sobre un fondo de cañas de bambú. En cualquier caso, el señor Botín tiene muy fácil cambiar los mayoritarios porcentajes de enfado emocional de sus empleados subiéndoles el sueldo en un tanto por ciento parecido a los beneficios que él percibe. Hágalo y ya verá qué contentos van a trabajar. Se lo digo en mi condición de viejo cliente de ese banco, donde tengo muchos y buenos amigos. Es un consejo gratuito.