FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS
Ahora mismo, parecer haber calma chicha, pero durante varias semanas arreciaron las presiones sobre Feijóo y su equipo para que la Xunta bendijera y a ser posible apoyara una operación dirigida a que la caja de ahorros del norte engullese a la del sur aprovechando la veda abierta por Moncloa y los apetitosos incentivos del FROB. Ya se sabe que a río revuelto ganancia de pescadores y, así las cosas, poderosos intereses económicos, políticos y mediáticos coruñeses se pusieron de acuerdo para aprovechar una ocasión que pintan calva. Se trata de dar el golpe que puede ser definitivo y concentrar en A Coruña casi todos los resortes del poder financiero de Galicia, bajo el control de lo que no deja de ser un grupo de presión en toda regla, o una especie lobbie, decidido a ser en adelante quien marque la hoja de ruta por la que tiene que discurrir la gobernación de este país.
Creen estar en disposición de presionar porque Don Alberto está en deuda con ellos. Lo estaría en la medida en que fueron decisivos a la hora de erosionar la imagen pública del bipartito y con ello impidieron que recuncara el uno de marzo. Recuerdan que en última instancia fue la provincia de A Coruña la que determinó el apretado triunfo del PP al otorgarle la mayoría absoluta. A fin de cuentas el escaño perdido por el Bloque fue el que propició que los populares recuperasen el Gobierno autonómico apenas tres años y medio después de la dulce derrota de 2005.
La estrategia del frente norteño es forzar la situación para que no haya una fusión negociada entre iguales, sino una absorción pura y dura. Lo normal, dicen, es que el pez grande se coma al chico, aunque esté mal del estómago y se le pueda indigestar. Los conjurados coruñeses tienen prisa y no lo disimulan. Nada de esperar a que se despeje el horizonte económico y se aclare el panorama financiero con los movimientos tácticos interregionales que están en marcha, y mucho menos a que San Caetano alumbre la anunciada nueva ley de cajas, que ponga coto a la influencia política en el Gobierno de estas entidades.
Y parece que vale todo. No se cortan a la hora de animar al nuevo poder autonómico a tomar cumplida venganza de la supuesta complicidad de la caja viguesa con el sector nacionalista del anterior gobierno. Sugieren que los sureños fueron más allá de lo que les era exigible a la hora de respaldar con abundantes subvenciones o con generosa financiación las iniciativas estrella del Bloque sobre todo en el ámbito social. Ellos, en cambio, presumen de haber sido no ya neutrales, sino abiertamente beligerantes tanto con el Benegá como con el PSOE.
Por el momento, el equipo económico de Feijóo está aguantando el tipo. El presidente y sus allegados saben que tienen en su mano armas poderosas para hacer frente a una ofensiva como esa, por potente que sea. Además, el factor tiempo juega a su favor. De hecho se afanan en mandar mensajes muy claros de que no están por la labor de forzar una fusión a la brava y desigual, sino por la permanencia de las dos cajas actuales, salvo que la amenaza exterior imponga otro escenario. Esa posibilidad no durará eternamente, sólo hasta que empiece a escampar. En cualquier caso, la propia Xunta movería ficha para garantizar que no haya vencedores ni vencidos, ni personal ni territorialmente. Y que sea el país el que salga ganando, no los que usted y yo sabemos.
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