PEDRO DE SILVA
. n un mundo tan complejo y perverso como el de la Fórmula 1 los mayores problemas no están en las curvas, la lluvia, los encontronazos o las manchas de aceite. El principal problema viene de la desproporción entre la gloria absoluta de los pilotos y su inmadurez para cargar con ella. Esto puede llevarlos a la pura idiocia. Hamilton resultó ser un gigantesco piloto, pero su engreimiento le acerca a la tontuna. Nelsinho Piquet se quedó en payaso tonto del circo, primero por prestarse a una maniobra indigna y antideportiva, y luego, por contarla. Ahora llega Massa, otro lenguaraz dispuesto a encabezar la lista. Con todo, sorprende la desdicha de Fernando Alonso de que siempre le toque un imbécil en el equipo. Tal vez Fernando haya madurado demasiado deprisa, y los niñatos, por contraste, a su lado, aboben más aún, pero pudiera ser una maldición.