Presentado en el Parlamento el proyecto de ley de los presupuestos de Galicia para 2010, los más restrictivos de la historia de la comunidad autónoma, con un tijeretazo en los gastos de la mayoría de las consellerías, salvo en Sanidade, Educación e Benestar, A Coruña y su área metropolitana, por paradójico que pueda parecer ante al severo ajuste contable, recibirán el próximo año más dinero que en 2009. La comparación en grandes cifras entre un año y otro así lo revela. Las inversiones no sólo no decrecen, ni se congelan, como se podía esperar, sino que se incrementan hasta un inesperado y desbordante 50%. El análisis más fácil y rápido -sumar las cuantías de las diferentes inversiones territorializadas para 2010 y compararlas con este año- no merece, pues, ningún reproche, más bien al contrario, al mantenerse unos compromisos inversores en un ejercicio complejo por las restricciones económicas. Con lo fácil que hubiera sido justificar una merma de las partidas con la excusa de la recesión la apuesta del Gobierno gallego ha sido la de garantizar el dinero que ya estaba comprometido, porque de eso es de lo que se trata: de continuar, al menos, con los planes y programas puestos en marcha, la mayoría de ellos, bien es cierto, durante la Xunta bipartita de los socialistas y nacionalistas, y, por el contrario, no iniciar ninguna obra nueva.
Las grandes infraestructuras, las destinadas a vertebrar la ciudad y el área metropolitana, como la tercera ronda, como se denomina al nuevo cinturón de circunvalación de A Coruña, y la vía ártabra, que enlaza a los municipios del área metropolitana, están dotadas con unos 70 millones de euros. De esta inversión, unos 50 millones corresponden al segundo y tercer tramo de la tercera ronda y a sus conexiones en Lonzas y Pocomaco, una obra que requiere la complicidad del Gobierno local, ya que para el desembolso del dinero presupuestado se necesita que el Ayuntamiento de A Coruña inicie ya el proceso de expropiación de los terrenos. El ritmo para la conclusión de esta vía de comunicación -a medida que se expropia se irá dotando de dinero la construcción de los nuevos tramos- depende, por lo tanto, del buen entendimiento entre la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestruturas y el Gobierno local para que se pueda circular por la misma en 2011 y un año después por todo el trazado de la vía ártabra, que acumula un mayor retraso.
Un análisis más en detalle y minucioso de las cuentas de la Xunta para A Coruña y el área metropolitana muestra, sin embargo, manchones que a simple vista estaban maquillados por las cifras de las grandes infraestructuras. Desde las profundidades presupuestarias afloran asignaciones disparatadas e injustificables -la dotación de 500.000 euros para elaborar un nuevo estudio para el metro ligero, el quinto que se diseña en una década-, olvidos imperdonables -el saneamiento de la ría de O Burgo en un entorno degradado en el cual viven casi 400.000 personas-, deudas pendientes -para el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña se destinan solo 2,9 millones de euros a la espera de que se cumpla el compromiso de la conselleira de Sanidade, Pilar Farjas, de licitar este año los 45 millones para mejorar el centro hospitalario-, o ya olvidos históricos como los nuevos centros educativos en Mesoiro y Os Rosales. Un sentimiento agridulce que se expande también en el área metropolitana, sobre todo en obras de saneamiento y abastecimiento y en la construcción de colegios y centros de salud demandados por los ayuntamientos de Culleredo, Arteixo y Sada.
Entre la "tomadura de pelo", una definición un tanto exagerada con la que han definido las cuentas públicas los socialistas y nacionalistas, a la negación de las actuaciones del bipartito, de las que son herederos los actuales gobernantes en la Xunta, que mantienen los proyectos viarios fundamentales para el desarrollo de la ciudad y el área metropolitana aprobados antes de su llegada al poder, se sitúan unas partidas presupuestarias cuyo mayor reproche afecta al recorte en las políticas de bienestar y sociales, sobre todo en la educación y la sanidad. La responsabilidad por parte de quien gobierna recae ahora en cumplir con los compromisos presupuestarios adquiridos en las cuentas entregadas en el Parlamento y la de quien está en la oposición, en de vigilar, auditar y exigir el máximo cumplimiento de las inversiones previstas en A Coruña y el área metropolitana. Y si es posible, mejorarlas.