VÍCTOR MANTECA VALDELANDE
Hay que alegrarse de que se hayan levantado algunas voces en defensa del medio rural, porque hay que reconocer que, tanto desde el ámbito de la gran política como desde el mundo empresarial, el agricultor se encuentra indefenso viendo cómo disminuyen sin remedio sus posibilidades y su renta familiar; pues quienes diseñan las políticas de la economía y del mercado casi nunca mencionan la actividad agraria y dan por sentado que los productos agrarios seguirán entrando en masa en el mercado; pero es posible que esto deje de ocurrir y en un tiempo no lejano los precios de los alimentos se incrementen de forma brusca e inesperada como una respuesta del campo a este abandono que viene sufriendo desde hace mucho tiempo. El sistema está montado de tal modo que el consumidor de productos agroalimentarios paga retribuyendo lo que se denomina cadena de valor es decir los supermercados, fabricantes, transportistas, almacenistas y solo el producto del agricultor que, a pesar de ser quien lo produce es, con diferencia, el que menos retribución percibe de toda la cadena, lo cual resulta una cruel paradoja, pues en muchos casos esa retribución no le da ni para cubrir los costes necesarios para obtener la producción.
Pero, además de todo esto, hay que reconocer que los tres factores sobre las que se basa la actividad agraria tierra, agua y técnicas de cultivo se encuentran cada día más amenazados por otros intereses más potentes. Así las tierras de cultivo disminuyen a costa de la expansión urbana y zonas industriales, por el crecimiento de zonas de energías renovables, que ahora en auge como paneles y molinos que merman la superficie de cultivo y pasto y la política medioambiental de zonas protegidas tampoco ayuda al incremento de la superficie adecuada y rentable de cultivo que casi llega a su límite. El porvenir del agua como factor de la actividad agrícola no es muy claro pues con independencia de los aspectos macroambientales sobre cambios climáticos hay que reconocer que la cantidad de agua con destino a la actividad agraria es cada vez menor, en este sentido la modernización y optimización regadíos es algo positivos pero las enormes tasa de consumo urbano, industrial, del sector turístico y de ocio todos ellos preferentes sobre el consumo agrario de agua hace que este sector vea cada año disminuida la cantidad de agua con la que puede contar; por otra parte y dada la escasa rentabilidad de su producción muchas veces no puede hacer frente a los costes de energía que exige el regadío. En tercer lugar y por lo que hace a las técnicas de cultivo o manejo de ganado es en la investigación donde están cifradas mayores esperanzas y, por eso, desde varios ámbitos del sector científico se han alzado las voces para que la reducción de gastos públicos se dirija hacia los gastos corrientes no productivos, evitando los recortes en investigación científica que podría frenar el desarrollo. Desde el ámbito privado las actuales tasa de precio basura que percibe la explotación agraria en la cadena de valor impide financiar cualquier tipo de innovación que solo puede mantenerse con explotaciones rentables. Parece como si la planificación económica contara con la eliminación del labrador, en un plazo no muy lejano, si bien los planificadores no usan la palabra eliminar, sino una idea de modernización agraria que conlleva la desaparición del pequeño campesino (la gran mayoría de agricultores y ganaderos son pequeños y medianos). Por otra parte, nuestra sociedad urbana ignora prácticamente al mundo rural y a los productores agrarios a los que solo tiene presente en cuanto mantenedores del medio ambiente natural; pero el campo, propiamente dicho, ni pinta nada ni se tiene en cuenta en los debates públicos, y eso además de una injusticia es, sobre todo, un grave error, pues hay que reconocer que de un modo u otro todos los alimentos que mantienen a la población tiene origen en el sector primario productivo o extractivo (la agricultura y la pesca) y, en este caso, ni el sector industrial ni el sector de servicios con todo el peso absoluto que, actualmente, tienen en la economía nacional de cualquier país desarrollado, son capaces de producir, por sí mismos, la menor cantidad de producto susceptible de alimentar a la población y es que, de tanto repetirlo, hemos olvidado el carácter netamente estratégico y fundamental que tiene el sector agrolimentario y el campo para la sociedad pues del campo nos vienen los alimentos y, por ello, entre todos debemos hacer lo posible para frenar el declive del mundo rural por abandono aunque solo sea porque tenemos que comer todos los días.