VÍCTOR MANTECA VALDELANDE
Sobre el bacalao puede gastarse mucha tinta porque es un pescado con tanta importancia y abolengo en nuestra historia que merece figurar como bicho armero en los blasones de algunas villas costeras junto a la ballena. Ha sido el pescado más consumido por la población de tierra adentro pues se conserva mucho tiempo una vez que ha sido salado. Antiguamente los pescados y otros productos de la mar eran conocidos en las ferias y mercados y en contratos de comercio, por su modo de presentación para el consumo, como productos frescales ceciales y en salazón: los primeros en fresco, los segundos en seco y los terceros conservados por la sal y era en este último estado, como los arrieros maragatos trasladaban el bacalao desde los puertos de mar hasta los pueblos y ciudades del interior. Los portugueses siempre estuvieron muy cercanos a esta pesca y por ello se atribuye, a uno llamado Gaspar de Casa Real, el descubrimiento del banco de Terranova, el mas rico e importante del atlántico, porque, según contaban, allí los barcos no podían navegar por la cantidad de pesca en aquellos bajíos; pero también se ha dicho que los primeros fueron pescadores vascos, súbditos de la corona francesa o castellana, que allí llegaron siguiendo el rastro de la ballena franca, que durante siglos había sido arponeada en las costas del cantábrico y Galicia de lo que quedan numerosos recuerdos y topónimos de atalayas en poblaciones litorales. Aquellos grandes bancos se convirtieron en fuente inagotable para muchos pescadores portugueses, bretones, vascones, holandeses, islandeses, gallegos e irlandeses y el bacalao en salazón acabó siendo el pescado más consumido en Europa y con ello pudo cumplirse a conciencia con el canon del ayuno cuaresmal y otras abstinencias que observar durante el año litúrgico y de paso introducir un alimento saludable en la dieta de las poblaciones de aquel tiempo. Cuentan que la familia del pescador cuando quería saber como se encontraría el familiar embarcado para Terranova en un pesquero, cogía la espina de un bacalao y después de dar unos golpecitos en la mesa la lanzaba al aire y si la curva que hacía se dirigía hacia la puerta era señal segura de que el familiar estaba bien. La Hacienda pública, siempre tan ingeniosa para la recaudación, como en la actualidad con las leyes del tráfico rodado, pronto vio en el consumo del bacalao una fuente segura de ingresos y lo declaró género estancado con lo cual la población, siempre más avispada, apañó mil procedimientos para consumir el bacalao de contrabando eludiendo estos recargos y haciendo desistir a la Hacienda de su intención de monopolio sobre este pescado tan consumido. Como era una pesquería tan rentable, pronto comenzaron los ataques y acciones ofensivas del corso inglés contra pescadores españoles y por ello se conservan documentos del siglo XV donde consta el equipamiento de pequeños buques dedicados a la pesca del bacalao en Terranova fuertemente armados con cañones para reprimir los ataques de aquellos corsarios ingleses que se apropiaban de capturas y embarcaciones; lo cual puede ser tomado como ejemplo ante el tipo de piratería que hoy en día tienen que sufrir algunos buques españoles, con poco amparo oficial. Estos violentos acosos fueron acompañados de asentamientos de la corona británica en la zona, para aprovecharse del producto de la pesca del bacalao que después también se exportaba al mercado español secularmente acostumbrado a este producto y donde se pagaba mejor que en otros lugares. Aunque en el Tratado de Utrecht se reconocieron algunos derechos a los pescadores españoles quedaron, a sabiendas, definidos de manera insuficiente lo cual supuso un frenazo importante a para su actividad pesquera. Con el tiempo y los progresos de la navegación y otras técnicas pesqueras la explotación del caladero aumentó sus rendimientos y en las aguas profundas se capturaban grandes ejemplares pues el bacalao es una especie muy longeva que puede alcanzar más de veinte años de vida superando el metro y medio de longitud y ochenta kilos de peso. Durante el periodo de navegación a vela la pesca se llevaba a cabo con anzuelo en pequeños esquifes llamados doris que salían del barco matriz de madrugada regresando hacia el ocaso. A comienzos del pasado siglo, y ya con la navegación a vapor, llegaron al caladero nuevas flotas entre ellas la compañía española Pesquerías y secaderos del bacalao con sede en el puerto de Pasajes, en los años cuarenta entró la empresa armadora Pesquerías del bacalao con asiento en el puerto de La Coruña y finalmente la Compañía de pesca e industrias del bacalao de Vigo que fueron líderes en esta pesquería durante muchas campañas con bous que surcaban el océano hasta que en los años cincuenta se cambió a otra modalidad de pesca con buques de mayor porte denominados parejas cuya potencia y eficacia superaba, con mucho, las flotas anteriores; pero a comienzos de los años setenta surgieron nuevas reivindicaciones nacionales que modificaron el Derecho del mar y surgieron nuevas zonas de pesca exclusivas de doscientas millas para los Estados ribere- ños, y con ello la resistencia tenaz de nuestros pescadores que se fue extinguiendo poco a poco de modo que hoy la pesca española del bacalao se limita a una presencia testimonial en los bancos noruegos de Spitzbergen que tiene origen remoto en un Tratado de París de 1920