LUIS MOYA
No hace mucho hice en este mismo periódico un laudatorio de esa antigua institución, ya desaparecida, que fue la tertulia. Quise con ello animar una, iniciada sin éxito en la taberna Pil-Pil, pues tuvo una efímera vida. Parece que hoy nadie tiene tiempo.
Ahora está comenzando una al pie del Convento de Santo Domingo, a la que suelo asistir. En ella leímos uno de aquellos breves y jugosos artículos de Julio Camba, el genio de la Arousa, maestro del humor galaico. Ya casi nadie lo conocía, cosa que demuestra cómo la literatura no queda exenta del ritmo frenético de la producción y el consumo. Se consume la literatura fresquita, obedeciendo al montaje propagandístico de las editoriales, novelas escritas casi por encargo, o macdonalizados seriales con enganche. Parece como si los libros tuvieran fecha de caducidad. Hay que llegar lo antes posible a estar en las últimas, en lo que a las modas se refiere, supongo.
Se lee las batallitas de un escritorcillo dicharachero y no se leen los Episodios Nacionales, de uno de los más grandes novelistas, como fue y es Don Benito Pérez Galdós. Las grandes obras se distinguen con el tiempo y de toda esa extrema abundancia editora casi todo quedará en "musiquilla de violín", como decía el otro gran escritor de Arousa, Don Ramón María del Valle-Inclán, de la parte de su obra que ya no le interesaba.
Preguntar en una librería, de las pocas que quedan merecedoras de tal nombre, por una determinada edición de un clásico es a veces inútil. Ya no existe fondo de librería. O se vende rápido o se tira, porque hoy se tira de todo y no iban a ser los libros una excepción.