CELSO FERREIRO
. l ayuntamiento de La Coruña parece un remedo de La Corte de los milagros de Valle Inclán. El alcalde ha mutado en personaje de sí mismo, y su caricatura podría compararse a la que Cela describió para D. Ramón, "la de una máscara de Carnaval y su pájaro totémico el loro". La acción de nuestro regidor, dentro del esperpento municipal, descansa en el desbarajuste. De tal modo que, plenariamente, apoya a sus sostenedores protésicos, los nacionalistas, y después los apuñala echándose en manos del líder regional de la oposición. De una magnitud vacía, viene siendo incapaz de mantener lazos solidarios con nadie, ni de saber sostener su discurso; es un disparate. En el tema del topónimo, acobardado por el aliento popular en su cogote, se lava las manos como Pilatos y suplica a Núñez Feijóo que le resuelva el contencioso, creado por él mismo. El titular de la Xunta no debiera emular a Rajoy y actuar con diligencia. Los ciudadanos, conviene subrayarlo, se mueven por sentimientos, y es éste un caso incrustado en la médula de los coruñeses que treinta años de rodillo oficialista no consiguieron borrar. El otro personaje del esperpento, el Sr. Tello, tras el desaire público -no será el último- no dimite, pese a sus amenazas. Lo habíamos anticipado. Su tabarrón volantinero se le ha ido por el arrequive. En estos ideólogos románticos puede más la nómina, a la hora de contrastar la ética, con el acarreo mensual de euros. Todo su alboroto de dignidad no es otra cosa que el ridículo de haber quedado como un romano en el circo. Debe servirle de aviso y despertar del sueño particularista. Su nacionalismo no corre: políticamente es sectario, económicamente suicida y culturalmente empobrecedor. Basta con mirar su hoja de servicios municipal. El alcalde lo ha puesto fuera de foco; no figura en la foto histórica del esperpento. En ella aparece Losada, como una cornucopia, apoyado en la mesa. Le rodean las concejalas tervilor y ellos, como gallos, esperando el grano a voleo, para picotear y seguir trepando.
Ermitas Valencia, de Normalización, concejalía innecesaria, no acepta la cooficialidad, es decir la libertad de poder expresarse en uno u otro idioma. Le peligraría el curro. A sus gorgoritas se unió la concejala de Cultura María José Bravo; bloqueira de UPG, de corte estalinista, ésa izquierda utópica, propensa al totalitarismo, que pretende lo imposible: ir hacia adelante dando marcha atrás.