CELSO FERREIRO
. l alcalde de Cambre, uno de los eternos regidores pata-negra de la Gran Coruña, acaba de instituir como código de conducta ética en el ayuntamiento un remedio cuasi exacto del que se aplica en Méjico D.F. Tonecho Varela, el de los tirantes, como se le conoce popularmente, intenta desandar la historia para volverla a andar en otra dirección. Ni la amplitud de la jerarquía social de la capital mejicana, ni su complicado protocolo o la mordida, son aplicables al municipio coruñés. Este Jalisco puede, sin embargo, organizar un mariachi a modo de banda municipal y establecer el saludo pecho a pecho de los entrones. Político con dedicación exclusiva, al observar atónito que el concejal herculino residente en Cambre González Garcés hace política a control remoto, no ha dudado en dedicar veladas a la función pública, por Los Rosales y el Portiño, que bien podrían culminar con las mañanitas. Como se ve, la política nocturna tiene muchos adeptos. Tello la aprovecha para ir de ruada, con parada fija en Monelos. De Friday casual, no repara en regar el gaznate, previo al éxtasis del alalá. Baltar, cacique por antonomasia, ha presentado un libro, Boas noites Ourense. El hombre está empeñado en pasar de la política orgánica a la hereditaria. Es decir, que su hijo asuma el cacicato. Sería la rendición moral del gobernante, para quien las litaciones no cuentan. Los caciques siguen empeñados en girar, en contra de todas las evidencias, alrededor de sí mismos. La periferia coruñesa no se puede historiar sin sus alcaldes pata-negras. Ahí tenemos el siempre actual de Oleiros, recientemente acusado de lucir los fierros, o Julio Sacristán, de Culleredo, el municipio que ofrece uno de los mayores desaguisados urbanísticos de Galicia. Ha sido elegido, sorprendentemente, por uno de los dinosaurios del PSOE gallego, Fernández Moreda, seguramente el político mejor retribuido de nuestra autonomía, para llevar la política municipal partidaria. El Sr. Moreda es un experto en urbanismo, formado a la vera del alcalde Vázquez, cuyas operaciones de desarrollo urbanístico de La Coruña les han proporcionado sustanciosos éxitos y satisfacciones para su biografía existencial.
Las estadísticas ofrecidas por los centralistas anuncian que la futura estación ferroviaria de Santiago registrará un movimiento de ocho millones de personas al año. ¡Hala! El asunto, si no fuera por la irreverente vulgaridad de la exageración, parece indicar el propósito de golpear con fuerza la hipérbole para conseguir agudizar la reacción del lector.