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Memorias de un solterón (Cap. VI)

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Memorias de un solterón (Cap. VI)
Memorias de un solterón (Cap. VI)  

JOSÉ BARROS GUEDE Mauro Pareja, recordando que el compañero socialista, Ramón Sobrado le había caído simpático a Feíta Neira, ve que era ahora es un hombre joven, rico y heredero de don Baltasar Sobrado, sueño de todas las mujeres casaderas de Marineda. Al ver que él se dirige a la casa de donde ella vive, cuyo dueño de la finca es su padre, don Baltasar Sobrado, que vive en uno de los pisos, piensa que Ramón Sobrado es un buen partido para Feíta Neira, lo que le va impedirá a ella viajar a Madrid. Benicio Neira, persona honrada, pero arruinada, hundida e inútil para la lucha de la vida, había visto en el matrimonio de su hija, Maria Rosa, con don Baltasar Sobrado la esperanza y la solución a sus muchas deudas que le vencían con sus intereses con dicho señor. María Rosa, al conocer públicamente que el matrimonio de don Baltasar Sobrado con la famosa cigarrera, Amparo, se echa en brazos de su padre sollozando en alto y gritando, quien, entre besos y carias, le dice: "No te apures, paloma, ten valor?, esta suerte no estaba para ti, ni para nosotros, paciencia, eres muy bonita y no te faltará quien te quiera?, no te aflijas". Pero María Rosa seguía gimiendo y retorciéndose las manos y estrujando la cuenta de sus galas y ropas que ella nunca pensó pagar y que debía pagar don Baltasar Sobrado. Ahora recaía sobre su bueno y confiado padre, Benicio Neira, quien al ver dicha cuenta, avergonzado se queda petrificado. Un dolor agudo que partía del hombro izquierdo y que bajaba al corazón le paralizaba cortándole el aliento. De pronto, con ímpetu loco, con deseo de destrozar, romper, pisotear y aniquilar, corrió hacia su hija, la asió de las manos, la zarandeó, y frenético de ira le escupió al rostro, diciéndole: "¡Bribona, perdida, asquerosa!". María Rosa lloraba desesperadamente. Su padre, le dice con lágrimas en sus ojos: "Esa cuenta se pagará, aunque tengamos que mendigar por las calles, no permitiré que crean que si la hija es una pindonga, el padre es un tramposo". María Rosa, mujer sin sentimientos generosos, le manifiesta: "Que no es solo ella la que le avergüenza, sino que es tambien Argos con Luís Mejía, el gobernador, que la tiene chiflada, está loca por atar. ¡Si la manda echar a un pozo? se echa!. Se ven en su casa, y ella proyecta largarse con él a París. León Cabello, que tenía relaciones con ella, se halla muy triste, amenazando matarse. Todos los días recibe carta suya y se la da al gobernador para que se ría!". Entonces, don Benicio Neira escribe una carta apremiante y corta a doña Milagros que se hallaba en Barcelona. Toma el sombrero, sale a la calle, pasa media hora en el despacho de un abogado y se dirige al gobierno civil. Luis Mejía le recibe solícito y afable en su departamento de visitas. Una intuición especial le decía a don Benicio Neira que allí era donde se había consumado la perdición de su hija y que allí se había escarnecido su dignidad y honra de padre. Exhala un gélido tétrico, de tal modo, que durante un rato no puedo hablar. En estas circunstancias, el gobernador Luís Mejía le pregunta: "¿Qué se le ha perdido por el gobierno civil a don Benicio Neira?". Le contesta secamente: "Que se case Argos". Le responde: "Usted me dice eso sin preparación, sin antecedentes, sin enterarse de cuales son mis circunstancias". Don Benicio Neira le miraba y siente otra vez el dolor penetrante que le bajaba del hombro hasta el corazón, y exclama con acento solemne y con cólera: "O se casa con Argos, o le castigará Dios". El gobernador Luis Mejía, encogiéndose los hombros le dice: "¡Dios me ha castigado ya, soy casado desde hace tiempo!". Corría por Marineda la opinión que su mujer se hallaba con dos niños en Filipinas en estado de indigencia. Don Benicio Neira, crispando los puños, se echa sobre Luís Mejía, ciego como los toros que se precipitan al embestir, pero este adelantando los brazos lo rechaza y lo empuja hasta hacerle caer al suelo. Benicio Neira levantándose, Luís Mejía el agarra como a un pelele y con soflama, le dice, vendiéndole compasión: "Vamos, tranquilícese, refresque.., aquí no pasó nada, salude usted de mi parte a aquellas señoritas, hijas suyas". Casualmente, un cuarto de hora después de estos hechos, Mauro Pareja llegaba al gobierno civil para hablar con el gobernador Luís Mejía sobre ciertos planos para el futuro palacio de la Diputación provincial. Oye ruidos y gritos sofocados de horror y de agonía que le obligan abrir la puerta del gabinete, donde Luis Mejía recibía las visitas. Le encuentra en el suelo, ahogándose en sangre, dando las últimas boqueadas; y Benicio Neira derrumbado en el diván mirando con ojos de loco a su víctima. Dicha acción, impropia del carácter inofensivo y sufrido de don Benicio Neira. tenía su explicación en el fanatismo de su amor paternal que él sentía por sus hijas ante las afrentas de alguien contra ellas. Entonces, Mauro Pareja abraza a don Benicio Neira. Con palabras persuasivas le recuerda el nombre de sus hijas, menores e inocentes, que no debían pagar los pecados ajenos, y le dice: "No debe usted pasar por asesino, acepte la estrategia que le propongo y confirme su propuesta, o ¿quiere que las chiquillas tengan un padre en el presidio o en la horca?". Benicio Neira casi difunto, nervioso y con escrúpulos accede a su propuesta de salvación. Mauro Pareja refiere al secretario judicial la siguiente historia: don Benicio Neira, padre ofendido, llega al gobierno civil para ver al gobernador Luis Mejía con el fin de arreglar la situación amorosa de su hija Argos con él, quien se burla y le ofende; no obstante Benicio Neira intenta buscar alguna solución a este caso, pero Luis Mejía le reta dando lugar al combate, que él presencia, y en el que Luís Mejía creyendo desarmar de buenas a primeras a su adversario, muere en el combate. Dicha narración propagada por toda Marineda, verosímil o no, fue creída por las gentes de esta ciudad, y don Benicio fue dejado en libertad provisional. La gente se puso del lado de don Benicio Neira perdonándole, y hasta en voz baja ensalzándole y glorificándole. Don Benicio Neira, saturado de ideas cristianas, predispuesto a la santidad, no pudo olvidar que sus manos estaban teñidas de sangre. Desde entonces no levantó cabeza. Medio alelado, agravado por su padecimiento del corazón, se postra en un sillón, porque en cama se ahogaba y sus piernas se hinchaban. Arrepentido y humilde, lleno de fe y esperanza cristiana, confiesa sus pecados, recibe la absolución, el viático y la unción de los enfermos. Le ruega a Mauro Pareja acepte la tutela de sus hijas, quien acepta encantado quedando constituido en consejero, director y árbitro de esta familia desconsolada y llorosa por la triste muerte de su padre y del gobernador Luís Mejía. Mauro Pareja y Feíta Neira asumen los dos el timón de esta familia. Todas las noches se reunían para deliberar y buscar una solución familiar, de la que por fin sale la siguiente resolución extraña, al parecer, pero en realidad bizarra y feliz, que llevan a cabo. Mandan a Argos a la casa hospitalaria de doña Milagros en Barcelona para que estudie canto y música, dado su buena voz y oído musical y se libre de este modo del bochorno que sufría en Marineda. Colocan a Froilán, su hermano menor, que no quiso estudiar, de dependiente en la Cafetería Londres. Las demás hijas de don Benicio Neira se mudan a otro piso más alto, más barato, con buen aire y buena vista en el Ensanche de Marineda. Reservan en él un taller para María Rosa, donde trabaja como modista ganando la vida y ayudándole a sus hermanas pequeñas, Constanza y Mizucha, las cuales, aunque díscolas, obedecían a Feíta Neira sin replicar y seguían sus prudentes disposiciones. Feita Neira salva algo del patrimonio familiar gracias al compañero Ramón Sobrado, admirador suyo, quien supo tocar el corazón de su padre, don Baltasar Sobrado, quien, en atención a su súplica, le perdona parte de las deudas contraídas por don Benicio Neira. Feíta Neira necesitaba, ahora, un compañero o un marido que fuese un cireneo para llevar el peso de su familia que había caído sobre ella. Ese cirineo lo encuentra en Mauro Pareja que se casa con ella.

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