FELIPE PONCET
Del cruce de notas de prensa entre la Audiencia Nacional y el Ministerio de Defensa sobre el maldito lío de los piratas del Índico puede deducirse que todo el mundo ha obrado correctamente, nadie tiene culpa de nada. El gran público, perplejo, sigue sin saber a qué atenerse ante tan absurda situación. El organismo judicial defiende a su magistrado estrella que, por una razón o por otra, siempre es el perejil de todas las salsas: Garzón actuó en el marco de la más estricta legalidad, como juez de guardia y en respuesta a una denuncia presentada por la Abogacía del Estado; lo único que resolvió la Audiencia Nacional fue sobre su competencia para abrir un procedimiento penal contra los apresados y en razón de la citada denuncia, todo ello previo informe del Ministerio Fiscal; y, por supuesto, ni el juez ni el juzgado instaron a organismo alguno para que se procediese al traslado a España de los detenidos. Por su parte Defensa dice que la decisión de proceder a la detención de los piratas la adoptó por unanimidad la Célula de Coordinación formada tras el secuestro del Alakrana (antes conocida como Gabinete de Crisis, pero ya se sabe que en el diccionario del Gobierno no existe el término "crisis"). En base a ello el Jemad -que aunque suene a nombre de moro notable se trata del Jefe de Estado Mayor de la Defensa- dio las órdenes precisas para que por la fragata Canarias se capturase a los piratas, eso sí dentro del estricto protocolo de actuación de la operación Atalanta. Aunque se habla de unanimidad en la decisión de la Célula esa de coordinación (¿?), se ha filtrado la existencia de dos informes contradictorios, uno del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Cifas), que desaconsejaba la captura por los efectos negativos que podría tener en torno a la liberación de los rehenes, y otro del CNI partidario del apresamiento.
Todos tranquilos, aquí no pasa nada (donde pasa es en el océano Índico) y las negociaciones van por buen camino. Estos supuestos embrollos no son más que elucubraciones de calenturientas mentes. Confiemos en que el secuestro acabe bien, pues pronto ya no puede ser, pero aún así creemos necesario que la mayoría de los integrantes de la Célula de Coordinación deberían ir a pasantía, a hacer unos cursillos de recuperación por lo mal que han gestionado todo el asunto. Los que se porten bien en clase y aprueben serán recompensados con un viaje a Somalia de una semana de duración, y los que suspendan con una estancia de dos semanas en tan delicioso país. Naturalmente, en ambos supuestos el viaje será en barco atunero.