SEGUNDO PARDO-CIORRAGA DE SANTOS
. l caos que reina en Somalia es la consecuencia de una guerra civil que ha desmembrado el país en tres supuestos estados independientes: Somalia, Puntlandia y Somalilandia y unos cuantos reinos de taifas que los señores de la guerra y los tribunales islámicos gobiernan y dirigen al margen de las leyes y conciertos internacionales.
En todo caso, y auque desde Mogadiscio (capital de Somalia) intenten vender la idea de que sus gobernantes son los representantes de una república federal, lo cierto es que no tienen ni fuerza ni crédito para imponerse a un estado fallido en donde la pobreza extrema, la anarquía, el fundamentalismo islámico, la corrupción, la inseguridad y la violencia son el pan nuestro de cada día. Y todo esto ha ocurrido porque las potencias occidentales, salvo aquella improvisada actuación del ejército de EEUU (1991) que empeoró aún más la situación y fue un verdadero y vergonzoso desastre, dieron la espalda y dejaron desprotegidos y a merced de caciques, caudillos, traficantes y demás ralea, a los somalíes.
El pasado 25 de octubre, el diario Público publicaba un artículo, firmado por el profesor de la Universidad de Barcelona Jaoquim Sempere, que bajo el título de Somalia los verdaderos piratas ponía sobre el tapete una verdad ocultada por nuestros democráticos, libres y civilizados estados, que aprovechándose del desgobierno reinante en aquel país del cuerno de África vertieron en sus aguas territoriales miles de toneladas de productos radiactivos y tóxicos que afloraron en las costas somalíes en 2005 a consecuencia de un tsunami. Por las mismas fechas se calcula que más de 800 barcos de distintos países esquilmaron sus caladeros y se calcula que los ingresos generados por esta suerte de piratería (naturalmente "democrática") superaron los 450 millones de dólares. También parece que se intentó, por parte de algunos sectores somalíes, crear una fuerza de vigilancia de sus aguas jurisdiccionales llamada Guardacostas Voluntarios de Somalia que intentó cobrar a los buques de pesca extranjeros un impuesto por permitirles pescar en sus aguas; tal pretensión también fracasó y posiblemente de aquellos polvos vengan estos lodos y aquellos supuestos guardacostas sean ahora los que asaltan, secuestran y aterrorizan a los barcos que faenan o cruzan aquellas aguas. Los flota española no es ajena al saqueo de aquellas aguas, pero la culpa no la tienen las tripulaciones. Habría que escarbar y preguntarle a los armadores y grandes empresas del sector pesquero en cuánto y cómo se han enriquecido, porque los sueldos de los marineros y su grado de protección social, cuando están en tierra, son de risa. Aquí, igual que en países del tercer mundo, pagan justos por pecadores y ahí tenemos el Alakrana: su tripulación aterrorizada, unos familiares cuya desesperación e inquietud tienen que estar rompiendo su resistencia física y mental y una situación que desde la llamada operación Atalanta tendría que estar resuelta porque está visto que en España el Gobierno y demás partidos políticos padecen el síndrome del tú más, producido por los ladridos y ladrillos que se dirigen, y han perdido el sentido común (será porque alguien dijo que era el menos común de los sentidos) buscando la solución, unos mirando con telescopio y otros con el microscopio. Y, como no podía ser de otra forma, los dueños del atunero a velas vir, resguardados en sus casitas protegidos de los vientos huracanados que desde Finisterre al Machichaco nos han zarandeado estos días.
Desde esta columna quiero expresar mi apoyo y solidaridad con todos los sufridos trabajadores del mar, en especial con los del Alakrana, con sus familiares, amigos y compañeros y pedir que, por una vez, los estamentos públicos, partidos políticos y formaciones sociales, actúen con unidad frente a las mafias corsarias.