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Un gobierno que no es el que tenía que ser

 01:07  

FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS Con el paso del tiempo se ha visto claro que, a la hora de constituir su primer gobierno, Feijóo pecó de ingenuo. Se estrenaba como presidente, aunque ya hubiera ocupado cargos relevantes aquí y en Madrid. Tras ganar las elecciones, si no en una libreta, tenía en mente una lista de hombres y mujeres a los que quería como compañeros de viaje. Seguramente no los sondeó para no levantar liebres y a la hora de la verdad se encontró con muchas negativas con las que no contaba. Y cayó en un resignado posibilismo, que está empezando a pagar ahora y que le puede acabar saliendo caro.

A diferencia de Fraga, esta vez no hubo cuotas territoriales. Don Alberto tenía las manos libres para configurar una Xunta a su medida y se puso a ello. Por sus propias afirmaciones sabemos que colocó muy alto el listón. Quería a los mejores compartiendo el puente de mando de San Caetano y, sin embargo, tuvo que ir rebajando sus pretensiones a medida que rechazaban su invitación personas que comparten su proyecto político, tanto en el fondo como en las formas, pero que no están dispuestas a arriesgar su imagen pública y el prestigio profesional en una actividad tan devaluada como la política, que encima está mal pagada en relación con la empresa privada. Contemplados con cierta perspectiva, hay nombramientos de perfil tan bajo, que sólo se explican por la premura con la que Feijóo tuvo que cerrar su equipo, ya que pasaban los días y no encontraba las piezas deseadas, mientras la oposición le recordaba la prisa que tenía por acelerar al máximo el traspaso de poderes. No buscó mediocres, que no le hiciesen sombra; es que no pudo fichar a los galácticos que deseaba. Hizo de la necesidad virtud. Así de sencillo. Los más críticos con ciertos conselleiros y conselleiras son el grupo parlamentario y algunos dirigentes provinciales. Los diputados pueden serlo, porque la mayoría no deben al presidente el escaño que ocupan -o eso creen-, sino a su correspondiente barón, quien a su vez tiene el derecho y el deber de ser crítico para contrapesar el presidencialismo al que tienden inevitablemente este tipo de liderazgos, aunque no sean carismáticos. Basta aguzar mínimamente el oído en los pasillos de O Hórreo para escuchar las quejas de algunas de sus señorías populares, que un día sí y otro también tienen que sacarle las castañas del fuego o desfacer entuertos de miembros de la Xunta, que yerran tanto por impericia como por imprudencia, incluso, en algún caso, por esa ignorancia que tanto cuesta perdonar al ir acompañada de engreimiento. Y si ya es de por sí un problema que máximos responsables de consellerías no den una mínima talla política, la cosa se agrava cuando tienen a sus órdenes personajes que les superan en valía y en experiencia y que, para más INRI, no han elegido ellos, porque en bastantes casos les han sido impuestos. Hay claros ejemplos, que están en la mente de todos, de cómo ese tipo de desajustes afectan de forma ostensible a la gestión de departamentos claves de la actual administración gallega y acabarán generando conflictos serios. Lo reconocen en voz baja los propios interesados y lo sufren en sus carnes muchos sectores profesionales, tanto del ámbito económico como, sobre todo, del campo social, que por ahora lo perdonan, pero acabarán aireándolo y lo harán cuando les convenga dar por agotado el plazo de gracia al que tienen derecho los nuevos gobernantes. Es probable que para sus adentros Feijóo ya esté arrepentido de más de un nombramiento. Pero es casi imposible saberlo, pues entre las virtudes del presidente está la discreción. Del mismo modo que no rehúye ningún tipo de cuestión en sus comparecencias públicas, se cuida mucho de hacer comentarios en privado, incluso con sus más íntimos, que son pocos. De modo que podremos adivinar con quién no está del todo contento sólo cuando haga una crisis, que la tendrá que hacer, aunque ahora no quiera ni oír hablar de ella. Lo cierto es que a este gobierno le cuesta cabalgar y renquea por la flojedad de alguna de sus patas.

fernandomacias@terra.es

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