JOSÉ MARÍA ECHEVARRÍA
Leo recientemente que Ford Motor Company negocia vender la firma automovilística sueca Volvo al fabricante chino Geely. De realizarse, culminaría así el proceso que la firma norteamericana ha llevado a cabo desprendiéndose de marcas foráneas que en su día adquirió (Aston Martin, Land Rover, Jaguar y Volvo) y que al no resultar tan rentables como esperaban, revés que ha coincidido además con la crisis del sector automovilístico, las ha ido colocando como bien ha podido, unas a industriales británicos, como han sido las marcas Aston Martin y Land Rover -aunque en ésta intervienen capitales de otras nacionalidades-, y la Jaguar al magnate indio propietario de la Tata Motors. Aprovecho para recordar el rocambolesco camino de la marca Jaguar, nombre que surge después de la II G.M. por el cambio que tuvo que realizar la firma originaria Swallow Sidecar, que vendía sus coches deportivos y de lujo desde principios del siglo XX bajo las siglas SS, por las desafortunadas connotaciones nazis que arrastraban esa dos consonantes unidas y que eran de lo más inapropiadas para comercializar coches por muy ingleses que fuesen entre los británicos. Dos detalles a destacar con ocasión de estas ventas. Primero: desplazamiento de esta industria hacia el Este; pesa sin duda que en Asia radica el mayor potencial humano tanto a la hora de adquirir vehículos, aunque sean coches modestos mayoritariamente, pero abiertos también a modelos de más empaque; y segundo: el factor mano de obra, mucho más barata que en los países desarrollados.