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La juerga de los piratas

 

FELIPE PONCET Se llevaron calentito el dinero del rescate y, apenas contado y repartido, se pusieron a quemarlo a toda prisa en una desenfrenada juerga pues al fin y al cabo esta vida son solamente tres días, así que a darle alegría al cuerpo que solo se vive una vez. Ayer, en un determinado canal de televisión estaban escandalizados porque los piratas se habían dado la francachela, una vorágine de drogas, alcohol y ¡cómo no! sexo. Gente poco leída sin duda (nos referimos a los de esa tele no a los juerguistas) pues toda la vida los piratas, en cuanto agarraban una buena presa, lo primero que hacían al llegar a su refugio era saciar la sed y de paso calmar los nervios dándole con ahínco al espirituoso ron que tanto mentaban en sus canciones. Primero adoraban al dios Baco, casi hasta los límites de un botellón en la plaza de Santa Catalina, luego rendían pleitesía a Venus y, como mandaban sus cánones, se iban de putas. Parece que en esta fase se encuentran los somalíes secuestradores del Alakrana, y se dice que están tan empeñados en ella que no queda una hetaira libre de forma que los proxenetas están procediendo a importar puterío de la capital Mogadiscio. De los precios es mejor ni hablar, ni los amigotes de Berlusconi pagarían tales cuotas. La siguiente fase consistirá en liarse a puñaladas con los colegas y, por último, ya con los bolsillos vacíos, volver a empezar el ciclo a ver si caen mas barcos que hay mucho panoli por ahí suelto, sobre todo en los gobiernos europeos. Antiguamente los piratas, al menos los que estaban en lo más alto del escalafón, siempre ahorraban algo de cada captura y, cuando tenían un buen peto, lo metían en un cofre y lo enterraban en una isla desierta hasta el momento de la jubilación. Para asegurarse el tesoro, en el hoyo metían a los subalternos que les habían ayudado en el transporte, tomándose la molestia de darles materile antes de enterrarlos si se trataba de personal de confianza, de no ser de tal condición los porteadores a tragar tierra. La buena costumbre del ahorro no se da en los piratas somalíes y en cuanto se les acabe la plata volverán al tajo después de tratar sus lacras con aspirina, bicarbonato y perborato. Trabajo no les va a faltar en tanto sigan las cosas como están actualmente.

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