JOSÉ MANUEL PONTE
La ausencia de debate sobre asuntos de importancia y la disputa acalorada sobre cominerías son una constante de la vida política española. Miguel de Cervantes lo retrató magistralmente en dos capítulos de su Don Quijote de la Mancha al describir la graciosa "aventura del rebuzno", en la que dos pueblos están al borde del enfrentamiento armado por culpa de una broma sobre la capacidad de unos para imitar mejor que los otros la forma que tienen los burros de expresar en voz alta sus sentimientos. El autor, no sin malicia, sitúa el suceso en los alrededores de Zaragoza, a cuyos habitantes se les suele atribuir popularmente una cierta testarudez, aunque la realidad nos demuestra que esa clase de comportamientos se da con abundancia en muchos otros territorios.
Y ahí están, para confirmarlo, las polémicas surgidas en Extremadura y en Alcoy. En el primer caso, a propósito de un supuesto cursillo sobre prácticas de masturbación impartido por un organismo oficial a jóvenes comprendidos entre los 14 y los 17 años. Y en el segundo, como consecuencia de unas clases de defensa personal contra violadores durante las cuales el concejal de Actividades Socio-Recreativas se quedó en calzoncillos ante un grupo de mujeres para mejor ilustrar sus enseñanzas. Es de suponer que tanto la Junta de Extremadura, gobernada por el PSOE, como el Ayuntamiento de Alcoy, gobernado por el PP, no tuvieron ninguna intención morbosa al programar ambas actividades, pero las respectivas oposiciones políticas y los medios de comunicación, antes de saber de qué iban los contenidos, pusieron el grito en el cielo organizando un escándalo tremendo.
El PP extremeño acusó a los organizadores del seminario de derrochar el dinero público enseñando a los jóvenes a masturbarse en un curso cuya sola denominación, El placer está en tu mano, ya lo decía todo. Las críticas fueron feroces y desde todos los ángulos posibles de la demagogia. Unos dijeron que una región con el mayor índice de paro del país no puede permitirse un gasto de 14.000 euros en guarrerías. Y otros, más nacionalistas, se quejaron de que el dinero se hubiera invertido en comprar material didáctico en una tienda madrileña llamada El placer de Lola. Algo parecido, pero en sentido contrario, ocurrió en Alcoy, donde el PSOE local pidió el cese inmediato del concejal de Actividades Socio- Recreativas, por supuesta conducta indecente. En su descargo, el concejal argumentó que solo había intentado demostrar que la mejor manera de prevenir una violación era dar la impresión al asaltante de que se iba a acceder pacíficamente a su deseo, aguardar que se bajase los pantalones, y ya con ellos en los tobillos e imposibilitado para correr, huir del lugar a toda velocidad y pedir auxilio.
Vistos desde una cierta distancia, tanto el suceso extremeño como el alcoyano merecen algún tipo de acotación. Por lo que respecta al supuesto cursillo sobre prácticas masturbatorias, todo el mundo sabe que, en esa modalidad sexual, apenas hace falta recibir enseñanza escolar y que el autodidactismo suele ser la forma más común de iniciarse en lo que muy apropiadamente se llama el "vicio solitario". En mi juventud , la masturbación era muy denostada por los curas, que solían advertir sobre la alta posibilidad de quedarse ciego si se practicaba en exceso. Aunque eso no les impedía solicitar en el confesionario detalles escabrosos sobre la forma, frecuencia y manera de llevarla a cabo a todos ("Dime hijo, ¿cuántas veces?"). Pese a tanta preocupación por la salud de nuestra vista, a ninguno, que yo sepa, se les ocurrió recomendarnos que fuésemos corriendo al oculista, y solían despachar el trámite con tres padrenuestros y tres avemarías. Pasado aquel tiempo de miedo y represión, quedó científicamente demostrado que la masturbación es una práctica saludable, y muy barata, que alivia no pocas tensiones. (El famoso cantante Enrique Iglesias grabó un vídeo de promoción pelándosela ante el televisor).
En cuanto a las enseñanzas del concejal de Alcoy, ¿qué decir? Su sentido de lo teatral es evidente, pero su método preventivo contra las violaciones ya es más discutible. Esperar a que el violador se baje los pantalones hasta los tobillos para huir, parece un tanto peligroso. Cualquiera sabe que no hace falta que se los quite para consumar la agresión. Algunos desalmados usan un instrumento diseñado para el amor y la procreación como si fuera una navaja.
De haber conocido Cervantes estos dos episodios, es posible que los hubiera incluido entre sus más graciosas aventuras junto con la del rebuzno. De un siglo a otro, el país no cambia tanto como nos parece.