CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Dando muestra de una capacidad de análisis de la situación encomiable, el general en jefe de las tropas de EEUU en el norte de Irak, que juro que he leído que se llama Anthony Cucolo III, ha amenazado a las soldados bajo su mando con someterlas a un consejo de guerra si se quedan embarazadas. Para demostrar que es poseedor de un criterio aristotélico de la justicia, el general Cucolo nieto ha extendido la prohibición, la advertencia y el gesto de azote a los hombres, es decir, a los que se pueda demostrar que son los responsables de un embarazo, y tanto si han ejercido de sementales con la legítima esposa como si les ha dado por una aventura extramatrimonial. Con ese gesto de autoridad, el jefe de las tropas invasoras intenta mantener a la tropa, durante los doce meses del servicio en Irak, en plenas condiciones físicas o anímicas para asediar y vencer al enemigo. Como eso, de momento, no sucede, el general Cucolo nieto debe haber sacado la conclusión de que las razones del fracaso no son militares, y ni siquiera geoestratégicas, siendo pues necesario el ir más allá de las enseñanzas de Von Clausewitz, quien era considerado hasta ahora como la máxima autoridad en lo que hace a los asuntos bélicos. Si bien es cierto que el gran pensador militar prusiano definió la guerra como un acto de fuerza para el que no existen límites, no conozco ninguna reflexión suya respecto de qué hacer con las soldados embarazadas -quizá por que no existían mujeres de fusil en sus tiempos-. Cabe calificar pues al general Cucolo nieto de innovador.
El problema viene ahora con las formalidades del asunto. ¿Mejorará la moral de la tropa expedicionaria si es sometida a la abstención sexual? Cucolo nieto no prohíbe el sexo sino sus daños colaterales en términos guerreros. Con tomar las precauciones previas para evitar el embarazo, se acabó el problema. De hecho, también cabría entender que un aborto rápido restituiría la condición ideal de la soldado en poco tiempo, devolviéndole el carácter de máquina militar que se supone que ha de tener. Pero, ¡ay!, aparecen sombras en ese panorama de arreglos. ¿Qué sucede si el varón, la mujer o los dos poseen creencias religiosas fundamentalistas? Buena parte de los soldados más feroces que hay obedece al retrato del integrista para el que la idea de Von Clausewitz de la guerra sin límites es la estrategia mejor. Pero tales gentes suelen tener remilgos muy serios cuando, en vez de terminar con la vida de un adulto, se trata de impedir que el espermatozoide alcance el óvulo o, si lo alcanza, siga su camino de perdición.
Me viene a la memoria el sarcasmo militar que sostiene que el deber principal de todo soldado no es el de morir por su patria sino el de lograr que el enemigo muera por la suya. Aplicado al caso, Cucolo nieto haría bien en promover el embarazo de las guerrilleras para obtener el máximo beneficio bélico. Y si invasores y resistentes dejan las armas para dedicarse de forma mutua a las relaciones sexuales, igual salimos ganando todos.