A ver: que nadie se llame a engaño, fratres. El trabajo del lobby coruñés a través de sus distintas terminales es intenso, y se desarrolla en varios frentes. Uno —clave— es el de la guerra psicológica: quieren hacer olvidar que el resultado de la auditoría —que se resume en una sola palabra: amén— se sabe desde el principio. Jo.
La tarea no es fácil, ofcourse, porque siempre aparece el recuerdo de que casi antes de firmar los contratos, se supo de viva Voz el dictamen que se le había encargado. Y, encima, se filtró; cuenta avecilla que eso le costó otra bronca a una conselleira a la que llaman "la brasa" por lo quemada que está. Uf.
A la vista de que eso no hay modo de borrarlo —porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible—, desde el entorno del PP difunden que se trata de desacreditar la auditoría y a sus autores para echar más leña al fuego y mantener la presión. Y lo dicen hasta en el Parlamento. Uyuyuy.
Otro frente abierto es mucho más discreto: se ha accedido a calcular de nuevo, y con espíritu más generoso —¿capisci?— ciertas previsiones financieras para el presente año. Y así, algún que otro hasta ahora protestante, vio la luz, se cayó de la burra, se calló la boca y se le darán las tablas de la Ley en el monte Tabor. ¿O es, por ventura, en el Pío?¿Eh?