ÁNXEL VENCE
. spantados por la suma de desgracias que últimamente amenazan con llevar a España a la quiebra, algunos expertos en ciencias ocultas van sugiriendo por ahí la posibilidad de que el presidente del Gobierno sea gafe. Tal vez se trate de una taimada maniobra de la oposición, pero aun así es una hipótesis a considerar.
Apoyan los especialistas de la magia y el arcano su teoría en las desdichas que les sobrevinieron a todos aquellos políticos con los que Zapatero alcanzó algún grado de intimidad. En Francia, por ejemplo, sustentó fervorosamente la candidatura a la presidencia de Ségolène Royal, con tan mala fortuna que la damnificada por su afecto político perdió las elecciones frente al mucho más feo Nicolas Sarkozy. Bastó con que Royal aludiese en sus mítines al "modelo español" de desarrollo representado por Zapatero para que sus votantes -e incluso sus correligionarios- huyesen despavoridos. Eso fue hace tres años y aunque entonces ignorásemos el motivo de la espantada, ahora sabemos por qué.
Algo parecido ocurrió en las elecciones alemanas, cuando el primer ministro español decidió apoyar, como es lógico, a su colega socialdemócrata Gerhard Schroeder. El previsible resultado fue la victoria de la conservadora Ángela Merkel, una "fracasada" -en opinión de Zapatero- que, pese a ello, ha conseguido sacar a su país de la crisis.
El supuesto mal fario de nuestro presidente habría afectado también años atrás al entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, John Kerry. Aunque en apariencia tenía todas las papeletas a su favor para ganarle a un rival tan poco presentable como el hijo de George Bush, el pobre Kerry no consiguió sobrevivir al apoyo de Zapatero, que así continuó edificando su acaso injusta fama de cenizo.
Parecía que el gafe se había roto por fin con la elección de Barack Obama, que además de candidato demócrata era también el favorito del primer ministro español. Conviene advertir, no obstante, que a diferencia de lo ocurrido con Royal y Schroeder, Zapatero no participó en ninguno de los mítines de campaña del candidato a la presidencia de Estados Unidos. Aun así, el influjo de la mala sombra que algunos creen ver en él pudiera guardar alguna relación con los sucesivos reveses y el desplome de popularidad que en sólo un año de mandato ha sufrido Obama.
Infelizmente, la capacidad de los gafes para desatar el infortunio entre quienes le rodean (que son todos los ciudadanos en el caso de un jefe de Gobierno) no se agota, como sería deseable, en el plano de la política internacional. De ahí que los especialistas en el gremio de gafes, contragafes, manzanillos y sotanoides tiendan a atribuir al mal fario de Zapatero las muchas desventuras que ahora mismo afligen a España.
No resultaría prudente desechar esa hipótesis, por irracional que parezca. La historia del mundo abunda en ejemplos de gobernantes atacados por el mal de ojo, entre los que cabría citar el caso del ex presidente argentino Carlos Menem, a quien sus compatriotas más aprensivos preferían llamar "Méndez" para evitar el perverso influjo del gafe, que allá llaman "mufa".
Aquí todavía no hemos llegado -ni es previsible que lleguemos- al "corralito" argentino, pero tampoco parece lógico que este país de economía floreciente hasta hace poco se haya despeñado hacia el abismo en apenas un par de años. Las cañas se han tornado lanzas tan rápidamente que a día de hoy España es líder destacado del paro en Europa, sigue en recesión mientras las demás naciones han salido de ella y acumula, en fin, una deuda lo bastante copiosa como para alarmar a los demás socios del continente e incluso a los del otro lado del Atlántico.
Sobra decir que los gafes no existen, por supuesto; aunque algunos crean que, al igual que las brujas, haberlos, los hay. Lo malo es que en ese caso no quedaría otra explicación que la mera incompetencia. Y no se sabe qué es peor.
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