JOSÉ MARÍA ECHEVARRÍA
Las palomas mensajeras han dejado de servir en el ejército como medios de transmisión. Eso y otra noticia, que comentaré al final, me recuerdan lo que se cuenta de Nathan Rothschild, quien enterado de la victoria aliada sobre Napoleón en Waterloo gracias al aviso recibido mediante palomas mensajeras -otros dicen que por jinetes que galoparon con relevos y un barquero ya contratado-, dio orden a sus agentes en la bolsa de Londres para que de mañana empezasen a vender títulos y acciones de todas sus empresas; ante tal comportamiento, los demás banqueros interpretaron que el magnate judío se desprendía de sus propiedades porque Napoleón había ganado y era inminente la ocupación de la isla por parte de los franceses; cundió el pánico; todos vendían todo a precios irrisorios. En un momento dado, Rothschild ordenó que cambiasen de táctica y empezasen a comprar todo lo que pudiesen. Cuando los demás se dieron cuenta, Rothschild era dueño de lo mejorcito de Gran Bretaña por cuatro perras. La noticia dejada para el final es esta: la inteligencia griega ha identificado a las cuatro firmas extrajeras que vendieron de forma masiva bonos de deuda pública emitidos por Grecia para volver a comprarlos al final de la jornada a precios mucho más bajos. Si cualquier oferta masiva supone bajar el precio de la mercancía -incrementado por la psicosis de hundimiento que genera al realizarlo 4 firmas al tiempo-, imagina que tú vendes a 100 lo que luego compras a 25. ¡Vaya tajada!