MATÍAS VALLÉS
Al Qaeda asegura que la cooperante Alicia Gámez se convirtió al Islam, la llama "hermana Aicha" y atribuye la abreviación de su secuestro a tan súbita iluminación. Con tal de remediar la privación de libertad, estaría justificado abrazar la fe en Belén Esteban. Bien mirado, la conversión interesada de los rehenes debiera ser una afrenta para los musulmanes más rígidos, en cuanto constata una frivolidad en el manejo de la religión que los equipara al Vaticano, interesado únicamente en el recuento mundial de almas cautivadas. Pertenecería además al ámbito privado, hasta que se recuerda que los contribuyentes españoles han abonado el equivalente a dos millones de euros por el rescate de la solidaria secuestrada.
Entre los dioses vecinos del Islam y la cristiandad, el trasvase debiera ser fluido -"¿tú cuántas veces has sido musulmán?"-. Sin embargo, cuando Al Qaeda confraterniza con la liberada y la susodicha se refiere al buen trato recibido durante el secuestro, se requiere una mínima explicación incluso en quienes han sido condenados a la pena de personajes públicos contra su voluntad. Respeto absolutamente esta conversión y las reconversiones sucesivas pero, antes de conocer el factor teológico, me preocuparon unas palabras de Gámez en su alocución. Demandaba con énfasis preocupante la protección de su intimidad, una petición extraña cuando el desembolso millonario ha cursado precisamente por un discutible consenso de la opinión pública. ¿O ella también cree que los islamistas, asesinos de musulmanes en masa, la liberaron porque profesó su religión?
Al Qaeda ha empujado a la cooperante a un paso de Patty Hearst, que se vio entremezclada con los designios del Ejército Simbiótico de Liberación. Los secuestradores -emparentados con el asesinato de 191 personas el 11-M- no sólo convierten y cobran, sino que están ganando la batalla de la imagen. Incluso su reivindicación de Al Andalus se hace plausible, en el paraíso de la memoria histórica. Secuestran para convertir, porque toda conversión es un secuestro.