PEDRO DE SILVA
De las historietas del Pato Donald me llamaba siempre la atención que el Tío Gilito, pariente riquísimo de Donald, no fuera un magnate de la banca, la industria o el comercio. En lugar de eso, el Tío Gilito tenía un enorme almacén acorazado más o menos cúbico en el que había una amplia y honda piscina repleta de monedas y billetes, en la que se zambullía como ejercicio saludable, energizante e incluso alucinógeno. Ahora vemos que se trataba de una profecía que anunciaba los futuros tiempos (ahora) en los que lo único que cuenta es la liquidez, y sólo resulta sólido lo líquido. Los bienes que, aunque parezcan sólidos, no tienen liquidez están llamados a ser disueltos, un modo extremo de hacerlos líquidos. Hasta el lenguaje, fiel espejo de la realidad, se vuelve líquido. Véase el titular de hace días en un diario de Madrid: Economía disuelve por insolvente una aseguradora sin liquidez.