JAVIER CUERVO
Desorientada por la vicepresidenta Elena Salgado, quien advirtió de que no hay que confundir economías, una amiga no sabía si acudir vestida informal o sumergida a una fiesta junto a la piscina. Por si acaso, compró un traje de neopreno no sexista de mujer-rana. Todo es confuso en economía. Supimos de Paris Hilton porque a su millonaria familia no le gustaba su uso público de un comportamiento sexual libre y la desheredaron. Sin embargo, la prensa del corazón la sigue llamando "la rica heredera" en lugar de la pobre desheredada o la rica desheredada ya que tiene un sentido de la oportunidad para hacer dinero llamando la atención sólo comparable al de Esperanza Aguirre para hacer politiqueo. A lo mejor Paris hizo como Tiger (el amigo golfista de Winnie the Pooh) y pidió perdón a los patrocinadores. Mucha gente, antes de dormir, pide perdón a los patrocinadores por los errores cometidos porque suman al catolicismo de pijama de cuando eran pequeños la conversión al capitalismo de ropa deportiva actual. Todo es confuso cuando se trata de economía y de mujeres. Mis amigos seguidores del fútbol inglés como único verdadero están desconcertados con la competitiva Liga femenina de las WAGS, de las wives and girlfriends (esposas y novias). Les pasa porque no ven Corazón de... (estación) en la pública sin publicidad, donde hace tiempo juegan a las parejas de futbolistas y modelos y se confunden porque vienen del tiempo de los futbolistas con novia del pueblo y concentración con abstinencia, sin tribunas que trasladaran rabia a los vestuarios y al campo. Todo eso tan moderno es tan confuso que, como nos decían los curas y los profesores de FEN, se confunde la libertad con el libertinaje como nos recuerda ahora Carlos Dívar, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial.