CELSO FERREIRO
La catástrofe del Prestige reforzó, sin embargo, la localización de Galicia en el mapamundi, tanto geográfica como humanamente. Ha sido notorio que a los gobernantes les faltó imaginación y talento para articular políticas racionales y aprovechar el tirón mediático mundial. Sucede que nuestros representantes, cuando se instalan en la nómina autonómica, en la ciudad bisetriz, tierra adentro, sucumben ante el mal de la piedra; carecen de la perspectiva marítima y el centralismo de los burgos pequeños, tan cercano y agobiante, no les da respiro. Con el bipartito, el problema fue doble. Ahora, en la confusa coexistencia, peregrinación y turismo, el problema es casi asmático. En los Años Santos compostelanos, el derroche en inversiones lúdicas y publicitarias centradas siempre en el mismo punto rebasan lo inimaginable, tanto que debiera exigirse un seguimiento riguroso para que no se susciten sospechas recaudatorias sectoriales o dividendos de gestores sinuosos. En La Coruña, ignorada una vez más (también en este capítulo por la Xunta), mediante el bipartito, que llevó a Losada a la alcaldía, el nacionalista Tello se erigió en responsable de Promoción Económica y Turismo. Nada comparable con aquel director xeral, de la misma organización, Rubén Lois, que agotó varios pasaportes en viajes, cuyo resultado se desconoce. Lo más llamativo de la gestión municipal fue la costosa defenestración del gerente de Turismo, el acreditado profesional Sr. Naranjo. La divulgación más relevante de nuestra ciudad se verifica principalmente a través del Atlántico, en los grandes cruceros, cuya población transeúnte desembarca al albur, para perderse por la urbe. Confundir divulgación con la propaganda, tan del gusto nacionalista, es como confundir civilización y cultura. Suele sucederles a quienes asumen responsabilidades que le son ajenas, a personajes eternizados en la política, que viven en la polución de historias parecidas. La civilización es también investigación, en busca de las personas capaces e idóneas. La cultura es otra cosa.
Hace poco, el imaginario compostelano sugería -¡otra más!- una Casa Iberoamericana en la Ciudad de la Cultura. El titular de la Xunta, más pragmático, ha ordenado la instalación del Centro de Proceso de Datos Integral, disperso por la localidad. Se ahorrarán -dicen- 2,5 millones de euros en alquileres. ¿Por qué no todas las consellerías? Se evitaría el peregrinaje cansino del ciudadano a la hora de hacer gestiones. Las noticias o sugerencias tan reiteradas avalan la carencia de objetivos de tan elefantiásica construcción, que, como dice su autor, merece ser admirada como obra de arquitectura. Un lujo muy caro en estos tiempos.