JOSÉ Mª ECHEVARRÍA
Nada me hacía presagiar que el día de nuestro Santiago Apóstol, tan hispánico él, acabaría escribiendo sobre Harambee, institución benéfica que actúa en el África subsahariana. Influyó en esta deriva un colega de mis años de docencia que me metió el gusanillo mientras tomábamos café tras la celebración religiosa y gastronómica que la fiesta exigía. Además me encandiló comprobar una manifestación de la globalización que vivimos. Resulta que para informarme más hube de brujulear por internet y me encontré bastantes páginas tituladas Harambee, palabra de la lengua swahili, una de las habladas en Kenia, que viene a significar "todos juntos". Está visto que la palabra, por lo que expresa, ha hecho fortuna en nuestro mundo globalizado, y desde las aldeas africanas el original "Harambee!", que en realidad es un grito que sueltan cuando se necesita ayuda, un reclamo para que todos ayuden a todos, ha saltado a la cabecera de asesorías inglesas, a compañías comerciales de Hong-Kong, a consultings situados en Nueva York, etc. que se titulan Harambee, y todos tan contentos. Pero no. Mi objetivo era el proyecto internacional de solidaridad surgido en 2002, con ocasión de la canonización de San Josemaría Escrivá, y que encontré al fin en www.harambee.es, y ahí lo dejo para quien quiera entrar. Total, que con lo de la globalización me enrollé, y apenas si me queda sitio para decir que los 30 proyectos desarrollados por Harambee en los 14 países en que opera promueven especialmente iniciativas educativas en África y sobre África.