EL TRASLUZ

Una buena historia

03.10.2011 | 00:34

Parece que Rajoy, en su autobiografía, no habla mal de nadie, ni siquiera de sí mismo. Nada que oponer, ya hemos dicho otras veces que la autobiografía es un género de ficción que lo soporta todo, incluso la hagiografía. Ahora bien, lo que el lector busca en la vida de los otros es su propia vida, que está repleta de zonas oscuras. Las biografías blancas no tienen en cuenta la existencia del cuarto de atrás, lo que viene a ser como si un manual de anatomía no tuviera en cuenta el estómago. El aparato digestivo es una lata, pero no hay libro de medicina capaz de evitarlo. Esta es una de las ventajas de la ficción sobre la realidad: que hablas de lo que te da la gana sin que nadie pueda reprochártelo. De hecho, hay muy pocas novelas en las que se mencionen los intestinos de sus personajes. Damos por supuesto que existen, sí, pero no se habla de ellos. A algunos lectores les molesta esto muchísimo. Recuerdo el caso de un tipo muy memorioso, ruso para más señas, que dejó de leer a Tolstoi (que es como dejar de leer a secas) porque un personaje, en un cuento cuyo título no recuerdo, se quitaba el sombrero al entrar en una casa y no lo recogía al salir. La memoria excesiva tiene estas cosas, que le hace a uno estar uno pendiente de todo, de lo que sucede y de lo que no sucede.

Rajoy ha decidido no hablar de su estómago, allá él, nosotros no somos quienes para reprochárselo excepto en nuestra calidad de lectores. Y decimos esto porque estamos convencidos de que el líder del PP tiene una biografía muy interesante, es decir, una biografía a través de la cual podríamos leer la nuestra. Basta repasar su historial de perdedor, que es el de la mayoría de la gente, para hacerse cargo de lo que debe de haber sufrido y de los rencores que debe de haber alimentado. Como es un político en campaña (su autobiografía forma parte de ella), él dirá que no tiene capacidad para el odio. De acuerdo, en la ficción y en las campañas todo está permitido. Supongamos que no tiene estómago (aunque parece que le gustan las nécoras), y que no hace por tanto la digestión (aunque parece que le gusta la siesta), pero dispondrá, suponemos, de capacidad asociativa. Esa capacidad debería hacerle ver la ironía de que un perdedor esté a punto de ganar en las circunstancias actuales. ¿Hay o no hay ahí una historia?

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