Espacio libre de nuevas tecnologías

 

AMADEU FABREGAT No me cabe duda de que Steve Jobs ha sido el hombre más importante de mi vida, en estos últimos lustros. Sus obras me acompañan noche y día, y supongo que así seguirá siendo hasta que la muerte me separe de la última versión del Iphone. Ni siquiera Marcel Proust había permanecido tanto tiempo a mi lado, y gracias a Jobs lo llevo ahora siempre conmigo, almacenado en el Ipad, listo para cualquier emergencia. En New York acaban de estrenar una pieza teatral muy crítica con el de Apple, los elogios no venden. A Jobs lo veo más protagonizando una gran ópera contemporánea, con los sonidos emblemáticos de las aplicaciones de sus inventos. Wagner reitera sus temas en El anillo del Nibelungo, donde los personajes cuentan con su solfa particular que los anuncia o los subraya. Jobs aparecería en esta pieza lírica-tecnológica envuelto en las señales acústicas del MSN, del WhatsApp, del Skype, del Grindt, de las miles de alarmas y sonidos de tantas y tantas aplicaciones que se pueden adquirir, gratis o pagando, en su App Store.

Jobs ha simplificado y complejizado a un tiempo nuestra vida. Consiguió que lleváramos toda la discoteca en el bolsillo, con los Ipods. Y nos puso el mundo en la palma de la mano con el Iphone y el Ipad, ahorrándonos el engorro de tener que viajar. El turismo es la plaga más significativa de la contemporaneidad, el primer contaminador global, el gran repartidor de nuestros detritus y basuras por todos los rincones del planeta. Con los inventos de Jobs se hace menos imprescindible desplazarse a ninguna parte porque llevamos el orbe en el jeans. Gracias a él, también, millones de personas practican mucho más sexo que antes: basta con descargarse una docena de esas Apps dedicadas a contactar unos cuerpos con otros. La práctica sexual incide en la buena salud ciudadana, según los científicos, lo cual representa también un ahorro para la sanidad pública de los países, otro activo de Steve Jobs

Ignoro si Jobs utilizó o no malas artes en su tremenda ascensión, como cuenta una película que hizo el inventor de Facebook, y lo mismo da. Picasso era un cabrón y nos encanta su obra. O nos encanta porque es carísima, no sé. Y el sueco Bergman era un tipo más bien despreciable y nos siguen seduciendo sus películas. Un antepasado directísimo de Jobs es el primate de "2.001", la odisea de Kubrick, otro visionario, que hace volar el hueso por los aires, un enorme salto tecnológico en la historia de la humanidad. Dentro de unos miles de millones de años, el dedo índice de la mano derecha habrá experimentado un evolución singular, independiente del resto, convertido quizás en un duro cartílago de tanto darle a la pantalla, por culpa de la tecnología digital de Jobs. No es descartable que los investigadores digan un día que tanta onda y tanto wifi suelto resulta letal para el cerebro. Tampoco el tabaco estaba estigmatizado hace solo unas décadas, y miren donde hemos ido a parar. Lustros atrás viajábamos, en transportes colectivos, envueltos en volutas de humo, propias o ajenas. Hoy nos trasladamos con el AVE asediados por móviles que no dejan de sonar y por los wifis de tarjeta de los portátiles. Claro que de este horror polifónico no tiene la culpa Jobs, y sí la mala educación del personal, aunque es probable que la belleza de sus objetos incite más al uso de los mismos. Viviendo adictivamente con los artefactos de Steve Jobs, creo también que el espíritu humano, siempre ávido de novedades, reclamará en el futuro oasis de paz y silencio, lugares sin cobertura, inaccesibles para el wifi. La tecnología es un buen amante que facilita nuestra vida, al tiempo que la complica multiplicando los índices del deseo, pero también de los buenos amantes hay que descansar de vez en cuando, si queremos que lo sigan siendo una temporada más.

Desconectar de Jobs, aunque sólo sea por unos minutos, por unas horas, el tiempo necesario para replegarnos sosegadamente sobre nosotros mismos y comprobar que aún seguimos ahí, para luego volver a reanudar nuestra vida con Steve. Y lo mismo que ahora leemos "Espacio libre de humo", en los lugares públicos, en el futuro habrá carteles que pongan "Espacio libre de nuevas tecnologías". Después de Jesucristo, Jobs es el muerto menos muerto, el muerto más vivo, de la historia de la humanidad.

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