JOSÉ MANUEL PONTE
Por lo que dicen los medios, el 38º Congreso Federal del PSOE se ha cerrado con una victoria raspada del "aparato", es decir de Alfredo Pérez Rubalcaba y Elena Valenciano, que son, respectivamente, el candidato ampliamente derrotado en las últimas elecciones generales y su jefa de campaña. La palabra "aparato" (apparat en ruso) es un término que hizo fortuna en los primeros tiempos de la revolución soviética y serbia para denominar a las personas (apparatchik) que ocupaban los altos cargos en la dirección del PCUS. Una formación política que, andando el tiempo, acabó por hacerse con el dominio total de la administración del Estado, donde no podía figurar nadie que no perteneciese a la lista (nomenklatura) facilitada por el propio partido. El término hizo fortuna y hoy en día, desde formaciones conservadoras a organizaciones terroristas, todas tienen "aparato". Cuando los problemas de Mariano Rajoy para hacerse con el control del PP, oímos hablar del "aparato" de Génova, y cuando se detiene a algún destacado miembro de ETA los medios aluden a su pertenencia al "aparato", bien político bien militar de la banda, para resaltar la importancia de la captura. La única organización del mundo que no utiliza esa palabra para designar a los que cortan el bacalao es la Iglesia Católica Romana, que les llama "curia". Así pues, el mejor resumen de lo que ha sucedido en Sevilla es afirmar que ha triunfado el "aparato" de Ferraz. Es decir, el "aparato" creado desde la nada por Felipe González para afrontar la transición política en detrimento del histórico "aparato" de Llopis y de los socialistas exiliados desde el fin de la Guerra Civil. El "aparato" de González (que era en sus inicios poco más que el juvenil clan sevillano "de la tortilla") gozó del decisivo apoyo económico de la Internacional Socialista que mangoneaba Willy Brand, y hasta de la tolerancia del franquismo crepuscular, que lo veía como una barrera de contención contra lo que se suponía un poderoso Partido Comunista. González utilizó el control absoluto de su "aparato" para laminar a todos los que le discutieron el rumbo de la nave (Guerra y Borrell, principalmente) y solo tuvo que admitir que se le colase Zapatero en detrimento de Bono cuando ya había delegado el poder en Almunia. Escarmentado, el viejo patrón temió algo parecido con la candidatura de Chacón y, según cuentan las crónicas, maniobró hábilmente para llevar al redil algunos decisivos votos de Andalucía. La campaña del "aparato" contra Chacón fue feroz. E incluso se dio el caso curioso de que los medios más a la derecha coincidiesen con El País en descalificar a la candidata catalana. En unos casos la llamaron "Zapatero con faldas", y en otros, se expresó el temor a que el PSOE "cayese en manos de un conglomerado de intereses externo a la organización". Sorprendentemente, el único medio en pronunciarse a favor de Chacón fue El Mundo, que no puede ocultar su tirria a Rubalcaba, el jefe del supuesto comando que durante el 11-M propició la primera victoria de Zapatero. Descartado que el PSOE acabe por convertirse en un partido coherentemente socialdemócrata (¿quién se va a creer que el mismo Rubalcaba que pactó con la Iglesia la reforma educativa termine con los privilegios de esa institución?), cunde la idea de que el "aparato" ha ganado tiempo para buscar un recambio de garantías.