JOSÉ MARÍA ECHEVARRÍA
Con dos capítulos vistos de la serie Toledo, de Antena 3, me bastó para no continuar viendo más. Y mira que tengo aprecio, como bien saben los que siguen estos minutos, por todo lo toledano. Ya había imaginado fantasía en el relato, recreación en la Escuela de Traductores, que serían novelados personajes y episodios, y todo lo hubiese aceptado con estoicismo si los guionistas se pasaban, como ocurre con los amoríos porque más parece aquello una novela rosa, pero de las baratas. Incluso podría disculpar el tema de sexo gratuito, con abundancia de arrechuchos, fornicio y cosas por el estilo. Pero cuando se traiciona la historia, no. Es imperdonable falsear el orden dinástico aunque se trate de un serial televisivo. En la serie confunden a Sancho con Fernando. Con lo fácil que es asesorarse y saber que el primogénito de Alfonso X El Sabio, y heredero por tanto de la corona, era el infante Fernando, llamado de la Cerda porque la criatura nació y creció con un pelaje hirsuto, pelo pincho, que más parecería al de un jabalí o un cerdo, y de ahí el insultante sobrenombre, sin parecido posible con el jovenzano rubito y guaperas que sale en pantalla. Pero lo peor es que ponen al infante Sancho, que fue el segundogénito, como hermano mayor, y que tuvo que esperar primero a la muerte de su hermano, y luego de Alfonso X, para coronarse en Castilla como Sancho IV El Bravo. Resumiendo, opino que no merece la pena ver dicho serial.