ISABEL VICENTE
Con motivo del sesenta aniversario de su coronación, Isabel de Inglaterra aparece últimamente hasta en la sopa. Todo son análisis y fotos de la reina con más pinta de reina que hay en la actualidad, con permiso de nuestra Sofía. Los ingleses se están preparando ya para las celebraciones con cuatro días de fiesta, nada menos; celebraciones que van a incluir un recorrido por el Támesis de una flotilla de mil barcos con la reina a bordo de la barcaza real. Vamos, como en los cuentos. Viendo como se ha visto en ocasiones a la reina Isabel cargada de corona, capa de armiño y cetro dentro de una carroza igualita a la de la Cenicienta con lacayos incluidos, ya puede uno imaginarse cómo serán los actos de celebración del aniversario. Ni Cleopatra por el Nilo, vamos. Y es que Isabel II es una reina como Dios manda. Aquí en España nos va menos el boato y la pompa, y nos hace gracia que los reyes parezcan humanos de vez en cuando pero por lo visto, los ingleses son otra cosa y, según las encuestas, una de las cualidades que más valoran de su ya anciana dirigente, es su profesionalidad en el trabajo de reina que incluye no sólo serlo, sino parecerlo.
Superados los baches que tuvo que pasar esta mujer, las salidas de tiesto de su marido, Felipe de Edimburgo, las escabrosas historias de cama de sus hijos y sobre todo la frialdad que mostró cuando murió Lady Di, que la hizo desplomarse en los índices de popularidad, parece ser que los ingleses la adoran. Da igual que sea fría y que tenga pinta de arisca y de altanera. Al fin y al cabo, si la reina es igualita a la vecina del quinto, ¿para qué quiere uno tener reyes?
De momento, si es por envaramiento, su hijo Carlos puede ser un digno sucesor el día en que falte Isabel. Cuentan incluso que tiene a cuatro sirvientes que lo visten cada día y que uno de ellos le pone hasta la pasta de dientes en el cepillo. ¿Se puede ser más noble? Lo malo va a ser que el que herede no sea él sino su hijo Guillermo. Hasta ahí llegó la monarquía británica tal como la conocemos. Y es que ni el hijo de Diana ni su mujer Kate parece que vayan a seguir los pasos de sus antepasados. De momento hacen vida normal e incluso se les puede ver comprando en el súper o haciendo mayonesa con delantal incluido; han largado a todos los sirvientes de su casa porque no quieren tener a nadie revoloteando a su alrededor y Kate es capaz de ponerse ropa de Zara sin ningún rubor. No sé. Es verdad que nuestros príncipes hacen todas estas cosas y que cuanto más cercanos son, más parecen gustarnos. Pero es que, a lo mejor, nosotros somos menos monárquicos que los ingleses.