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editorial

La Gran Coruña se juega mucho en el futuro de Navantia

 

Una desesperada marea de miles de trabajadores del sector naval ferrolano inundó el pasado jueves las calles de A Coruña para reclamar ante la Delegación del Gobierno la adopción de medidas que eviten el temido colapso de este sector industrial, que arrastraría a toda la comarca de Ferrolterra y tendría también graves repercusiones en La Gran Coruña.

No es la primera vez que llaman a las puertas del Gobierno en la ciudad coruñesa. Ya ocurrió antes con las sucesivas reconversiones que adelgazaron drásticamente el sector en las décadas de los 80 y los 90. La última cita fue en 2004, cuando se discutía la integración de la antigua Astano en la actual Navantia. Pero los representantes sindicales que encabezaron ahora esta marcha y habían participado también en anteriores manifestaciones en A Coruña coinciden en que la situación nunca había llegado a un punto tan dramático como en esta ocasión.

En el último semestre se han destruido en los astilleros de la ría ferrolana 700 empleos y otros 1.000 se encuentran ahora mismo en la cuerda floja. El problema radica en la falta de nuevos contratos de construcción de buques en el horizonte, que puede desembocar en julio en una desocupación inédita en la historia del naval ferrolano, con todas las gradas de los astilleros vacías. Los astilleros públicos de Navantia en Ferrol y Fene cuentan en la actualidad con 2.300 operarios de plantilla directa, pero generan empleo para otros 3.000 de empresas auxiliares directamente vinculadas a la compañía de construcción naval. Su influencia en la comarca ferrolana abarca a un 40% de los empleos industriales, que suponen unos 17.000 puestos de trabajo. No cabe duda de que el futuro de Ferrol está indisolublemente unido al de su sector naval ahora tambaleante.

Para evitar llegar a este escenario catastrófico, los trabajadores, respaldados por todas las fuerzas políticas, reclaman en primer lugar al Gobierno el cumplimiento de la agenda del anterior Ejecutivo, que se había comprometido a construir en los astilleros de Ferrol una sexta fragata F-105 para la Armada española. Esta medida, que sí proporcionaría un puntual balón de oxígeno a Navantia, apenas atrasaría sin embargo la agonía del sector, ya que no pondría el dedo en la llaga, que no es otra que la insuficiente capacidad técnica para competir en el mercado internacional de la construcción naval.

Mucho más decisiva, aunque también más costosa, es otra de las soluciones demandadas, que pasa por la construcción de un dique flotante en Navantia. Tendría un coste de 141 millones de euros que en realidad no sería una ayuda ni un parche más para la temporal pervivencia de una empresa, sino una inversión de futuro, al permitir al astillero ferrolano afianzarse en el mercado de reparación de grandes buques que ahora no consigue captar por falta de unas instalaciones adecuadas.

Los trabajadores son conscientes de que sus reivindicaciones llegan en el peor de los escenarios, con una recesión económica en ciernes, un desempleo galopante y unos presupuestos públicos reducidos al mínimo por la política imperante de recortes para reducir el déficit. La batalla del naval quizás sea una de las cuestiones que ponga a prueba las líneas rojas de esta política económica reduccionista, ya que lo que está en juego en este caso no es solo la viabilidad de una gran empresa, sino la de una comarca entera. No se trata ya de evitar los despidos, sino de que esos puestos puedan llegar a recuperarse algún día, mantienen los trabajadores de Navantia, arropados por toda Ferrolterra.

Sería un error pensar, sin embargo, que el problema del hundimiento de Navantia se limitaría a Ferrol. La onda expansiva alcanzaría también de lleno a La Gran Coruña, en cuyos polígonos empresariales existe una importante relación con la industria auxiliar del sector naval y cuya dotación comercial tiene en la comarca ferrolana una de sus grandes potencialidades. El propio futuro del aeropuerto coruñés de Alvedro perdería también uno de sus pilares. A Coruña y Ferrol forman parte de un mismo hinterland industrial que la Xunta ya ensayó convertir en gran comarca administrativa aunque se haya aparcado de momento la iniciativa. Es lógico suponer que acabarán en algún momento por converger en la mayor área urbana e industrial de Galicia, por lo que el estrangulamiento del futuro de Ferrol limita igualmente el horizonte de A Coruña.

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