JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA - CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE A CORUÑA
Después de las reformas anunciadas por Gallardón, Wert, Montoro y De Guindos llegó la de Báñez y no se puede decir que el Gobierno de Rajoy se haya dormido regodeándose en los laureles del 20N. Se les pedía gobernar y lo están haciendo a menos de dos meses de tomar posesión a fines de diciembre. De momento parece que, salvo algunas muestras de descontento y protesta en la calle, el cuerpo social acompaña los anuncios de reformas con la actitud de quien, cerradas todas las salidas, pone sus esperanzas en la única posible, en la única fiable. La gente mira a Grecia y asume que el espejismo fue bonito mientras duró y que se acabó el tiempo del dinero fácil, de adelantar a Italia y Francia, de la banca más sólida de Europa y de fiar en negociaciones interminables la solución de los problemas. Leyendo a los especialistas me parece ver coincidencias en una valoración positiva de la reforma laboral de Báñez como ocurrió con la de Guindos y la de Montoro. No entusiasman porque no se trata de eso, pero convencen de que el Gobierno está dispuesto a cambiar el rumbo y el ritmo de las cosas de la economía después de que gobiernos de otro color llevaran tanto tiempo mareando la perdiz. En unos meses espera el Gobierno que comiencen a verse resultados y cualquiera en sus cabales lo desea también. Y mientras eso sucede, mientras el PP cumple con sus electores y mejora sus relaciones con CiU sin necesidad de formalizar pacto alguno, los socialistas siguen dando muestras de aturdimiento. Resuelto, con acierto, el asunto de la secretaría general les queda, en efecto, mucho por hacer. Quizás sea demasiado pedir que Rubalcaba anuncie ya que no será candidato en 2015, pero ir dejándolo ver contribuiría a aclarar y tranquilizar el panorama. Zapatero se fue y Chacón también. No es lógico que quien fue todopoderoso vicepresidente y el candidato del partido en su mayor derrota pretenda seguir como cabeza de cartel socialista en la política española. En el parlamento, en la escena europea, en los medios de comunicación y en la complicada vida interna del propio partido. Se entiende que Rubalcaba ocupe un sitio principal en las inminentes campañas electorales de Andalucía y Asturias pero, sean cuales fueren allí los resultados en marzo, no deberían servirle de coartada para hacer creer a su gente y a sus votantes que por lo que a él respecta la vida seguirá igual. Se equivoca si piensa que su victoria frente a Chacón es un respaldo a su dirección y a su futura candidatura. Ganar por veintidós votos pone de manifiesto que en el partido tienen mucho que discutir y en lo que coincidir porque, hoy por hoy, el desacuerdo en asuntos principales es grande. Entre otros asuntos importantes en el modo de hacer oposición a Rajoy porque los comienzos están dejando mucho que desear. A Montoro se le tacha de recentralizador y de gravar a las clases medias, a De Guindos de ultraliberal, a Gallardón, Mato y Wert poco menos que de reaccionarios y a Báñez de ser la voz de la CEOE. No se puede ser tan tosco si se quiere recuperar el voto de electores moderados que piensan y no deciden desde una lealtad de partido a prueba de cualquier circunstancia. En cada una de las comparecencias de los ministros populares un votante no cautivo ha podido encontrar propuestas sensatas que podría haber escuchado a ministros socialistas y otras que, por razonables aunque no compartidas, no merecen ser contestadas echando mano de los habituales y cansinos tópicos del feminismo, del progresismo o del nacionalismo. Causa sonrojo escuchar a un parlamentario socialista interpelar a Báñez porque el Gobierno de Rajoy no ofrece resultados en materia de empleo. O a la diputada Montón dando lecciones de feminismo a Mato cuando el PP ha superado con nota y sin cuotas la asignatura de la presencia de la mujer en los puestos institucionales de mayor responsabilidad. Decididamente los socialistas han de revisar muchos tópicos y no entretenerse comentando frases y gestos si quieren recuperar su lugar como alternativa creíble.