RAMÓN FARRÉ
Eva siguió sola su camino. Una llovizna tenue
empezó a caer sobre el Mundo.
Y luego fue la lluvia.
Gioconda Belli: El infinito en la palma de la mano
En defensa de su declinante hegemonía, los Estados Unidos de América -negro sobre blanco- siguen a lo suyo, la larga y torpe costumbre del desatino internacional.
En efecto, con una Organización de Naciones Unidas nacida para otro mundo y ahogada en el mar de un descrédito global que Norteamérica contribuyó a embravecer, Obama y Rodham apuntan de nuevo a Irán, que podría estar pronto en condiciones de fabricar bombas atómicas.
El recelo occidental ha sido suficiente para que a la República Islámica de Irán, que predica la destrucción de Israel con el empeño entregado y ciego de los "vorticistas", se le haya impuesto un bloqueo que si no fuera ya precipitado, sería a la larga igualmente ineficaz. No sólo porque, con la Historia por testigo, los Estados Unidos suelan desajustar más aún los desajustes que se ofrecen a corregir, sino también porque, con toda seguridad, la República Popular de China -raca, raca- seguirá a lo suyo y comprará el petróleo iraní que necesite. Para sostener y si es posible incrementar su vertiginoso ritmo de crecimiento. Para cercenar la disidencia y proteger la explotación... Para exportar las manufacturas más diversas e inimaginables de su pujante industria... Para desprenderse de malhadadas niñas que en otros mundos se harán mujeres y ejercerán sus derechos libremente.
Por si fuera poco lo apuntado, muchos analistas coinciden en señalar además que Ahmadineyad podría apretar en torno a sí mismo la adhesión popular que ahora le falta, una adhesión que, ante la amenaza exterior, incluyera a la oposición más prooccidental, que ahora lo combate. En último término, después de que un portavoz autorizado por la Casa Blanca hubiera anunciado un ataque israelí para "antes del verano", tampoco sería de extrañar que el fundado temor a la intervención norteamericana -directa o interpuesta- llevara a Irán a pretender su propio armamento nuclear para conjurar un peligro que se dibuja cada día más cierto. De cualquier forma, el régimen de los ayatollahs es una teocracia insufrible, especialmente para los iraníes laicos y progresistas. Y el más deplorable de todos sus crímenes es el incesante atropello infligido a las mujeres para ludibrio del género humano.
Esa es verdad rigurosa, como lo es también que Arabia Saudita -nuestra aliada- sufragando el wahabismo ha causado mucho más daño a Occidente. Porque en todo tiempo y lugar, el fanatismo y la misoginia son algunos de los recursos más perversos de quien manda para excluir a las mujeres.
Queda por eso mucho paño que cortar en todas partes. También por aquí.
De tal carencia indicio es que Chacón creyese a la ligera que por mujer y por madre había de ser ella la llamada a ultimar una empresa tan ardua y dilatada. Aspiró ella al honor de la unción sin considerar que además de Natura, no estorbaba Salamanca.
De otra parte, que el Ministro de Justicia no sepa todavía que a la mujer le asiste el derecho de elegir libremente el momento de ser madre y que, en cualquier caso, lo progresista es una ley de plazos y no de supuestos, viene a ser la prueba concluyente de lo mismo.
Queda mucho paño que cortar, acá y allá, es verdad. Sin embargo también es cierto que entre Occidente y el Islam existen algunas diferencias mayores. Por ejemplo, si aquí, en nombre de Dios, a las mujeres se las desvió ayer hacia la Iglesia por apartarlas de la Escuela, allí, en nombre de Dios y hoy todavía, los talibanes acribillan las escuelas que las acogen.
Queda mucho paño que cortar y sin embargo, si la política exterior de Occidente no presentara dobleces y defendiera los valores que proclama y no los intereses que esconde o disimula, la justicia y la democracia harían que la Escuela fuera otra. Otros los hombres y otras las mujeres.
Puede que el mundo fuera un día otro mundo, manumiso también. Algo más, desde luego, que lágrimas en la lluvia.