El último mandamiento

 08:18  

CARLOS SUÁREZ-MIRA - MAGISTRADO No todos los imputados son iguales." Así lo ha expresado en una entrevista concedida a TVE en prime time la vocal portavoz del Consejo General del Poder Judicial. Y no le falta razón a la Excma. Sra. Yo también lo he visto: hay imputados entrados en carnes, mientras que otros son unos escuchimizados. Los hay negros y blancos, payos y gitanos, nacionales y extranjeros. Los hay altos, pero también bajos, simpáticos y antipáticos, guapos y feos, altivos y humildes, sucios y aseados, elegantes y ordinarios, contritos y reincidentes, lenguaraces y comedidos, homosexuales y heterosexuales, sensibles e impasibles, sinceros y mentirosos. Y los hay de las más variadas profesiones, incluyendo también -pásmense- a políticos de diversas tendencias ideológicas. Así que no entiendo el revuelo que se ha montado cuando la portavoz del órgano de gobierno del Poder Judicial, entre cuyas filas también han militado no solo imputados sino también condenados e incluso indultados, ha dicho una verdad como un templo.

Veamos: hay quien opina que se alcanza la condición de imputado por razones genéticas. Así parecía creerlo en la segunda mitad del s. XIX Cesare Lombroso, médico y criminólogo italiano y conspicuo representante del positivismo criminológico, quien sostenía que en el delincuente había tendencias innatas, de orden genético, detectables a través de ciertos rasgos físicos como las asimetrías craneales, determinadas formas de la mandíbula, orejas o arcos superciliares. Sin embargo, son pocos los que hoy en día sustentanideas semejantes (aunque viendo algunas mandíbulas, yo no estaría tan seguro del error lombrosiano). La criminología moderna se fija en otras variables de claro predominio sociológico. Y ahí, claro está, vuelve a tener razón la portavoz, aunque ella no lo haya cuantificado en cifras. Pero a ojo de buen cubero puede afirmarse sin incurrir en error que el grueso de los imputados (llamémosle grupo A) pertenece a clases sociales desfavorecidas entre los que suelen concurrir todos, muchos o varios de los siguientes elementos: pobreza, alcoholismo, drogadicción, desempleo, familia desestructurada, pobre cualificación profesional, abuso sexual en la infancia (casi siempre por un familiar próximo), rechazo social, inmigración ilegal, vivienda miserable, barrio marginal, fracaso escolar, amistades peligrosas, etc. En cambio otros -oponiendo término a término con los anteriores- (llamémosle grupo B), presentan un perfil bien diferente: riqueza, buenas copas en ambientes distinguidos, cocaína de la buena, magníficos empleos, crecidos en familias de toda la vida, desempeño de puestos directivos, infancia entre algodones, miembros respetados de la comunidad, españoles de pura cepa (algunos con linaje y limpieza de sangre acreditados), palacetes en barrios exclusivos y excluyentes, brillante expediente académico obtenido en los mejores colegios y universidades privadas españolas y extranjeras y excelentes relaciones de amistad con los más influyentes miembros de la sociedad. Y fíjense: todos ellos imputados. ¿Ven cómo no todos los imputados son iguales?

Ahora asomémonos al Juzgado: ahí suele haber unos señores que visten de negro-y ante los que más de uno, algo desorientado, se ha santiguado con genuflexión incluida- que tienen la manía de preguntar a todos los imputados por sus andanzas. La mayoría de éstos acceden a pie al edificio judicial cuando llegan solos, aunque lo hacen en vehículo oficial cuando vienen en compañía de otros (los cuales suelen vestir de azul marino o de verde). Casi todos relatan sus flirteos con el Código penal con más o menos inventiva en función de sus necesidades, ocurrencias o consejos que les brindan, previo pago o no de honorarios, sus abogados. Tampoco aquí son todos iguales: los del grupo B anterior normalmente acostumbran a hablar poco y a exigir mucho (directamente o por boca de sus letrados de pago). En cambio los del grupo A suelen hablar mucho y exigir poco. Los del grupo B, que a menudo ingresan en un mes -o incluso en una semana-, lo que el señor de la toga negra con escudo bordado gana en todo el año, frecuentemente están adornados de algunas de las características descritas supra: altos, simpáticos, guapos, altivos, aseados, elegantes, impasibles y casi siempre mentirosos. Aunque no todos son así, ciertamente.

Pero volvamos al principio y confrontemos opiniones: S.M. el rey de España, Jefe del Estado, dijo literalmente en su pasado discurso de Navidad lo siguiente: "afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La justicia es igual para todos". ¿Quién tiene razón el Rey o la portavoz? No seamos excluyentes: los dos la tienen, porque el Rey se limitó a trasladar al campo judicial lo que genéricamente señala el artículo 14 de la Constitución ("Los españoles son iguales ante la ley...") y la portavoz dijo que no todos los imputados son iguales (como ya sabemos), pero no dijo que ello fuese ante la ley, lo cual no impide, dicho sea de paso, que a los cinco segundos haya pensado "tierra trágame", sobre todo a la vista de la repercusión mediática de tan imprudentes declaraciones.

En cualquier caso, los ciudadanos podemos estar tranquilos y confiar en nuestro Poder Judicial, pues esta misma semana hemos visto cómo un todopoderoso y respetado magistrado que ha prestado grandes servicios a España ha sido objeto, por cometer un solo delito, de una severísima condena que lo ha inhabilitado para seguir siendo juez, lo que evidencia que todos sin excepción somos iguales ante la Ley y que la justicia es igual para todos. Bueno, siempre hay algunos orwellianos irreductibles que mientras escuchan el álbum Animals de Pink Floyd siguen pensando que aquí rige el último y único de los siete mandamientos que los cerdos de Rebelión en la granja mantuvieron en vigor en su propio beneficio: "todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros."

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