El mundo por mi cuenta

Mirar hacia arriba

05.08.2015 | 00:28
Mirar hacia arriba

Para ser feliz hay que mirar hacia arriba. Cuando tenemos pena o preocupación vamos cabizbajos. Cuando viajamos miramos las alturas de los edificios, cosa que no hacemos en nuestra rutina y hábitat natural. No es fácil. Para lograrlo hay que estar desocupado y despreocupado. La cuestión es si mirar hacia arriba, además de síntoma de estar distendido, puede ser método para conseguirlo. Si mirando de vez en cuando hacia lo alto de los edificios, con cuidado de no tropezar, podemos encontrar, si no la felicidad del sabio al menos la serenidad del turista. Que eso suceda en las grandes ciudades donde uno se ve sorprendido por la grandeur como en París, o con un templo dedicado a Venus a la vuelta de una esquina, como en Roma, no significa que uno no pueda ser feliz en un bungalow. Sólo que en España, el paraíso del turismo, donde sobra la especulación, escasea el buen gusto y los lavabos públicos siguen estando sucios, edificaciones bajas desgraciadamente no hay muchas. Uno puede ser feliz o infeliz en cualquier parte. Pero en muchas ciudades -no es el caso de ésta-, la vista, al revés que en los pueblos, no puede descansar en el mar, la montaña o la lontananza, sino sólo en las alturas. Es cierto que los turistas suelen llevar sombrero, pantalón corto y chancletas, indumentaria que a veces comparten los veraneantes, algo más abandonados en ocasiones en su afán de desconectar por más tiempo con el mundo y conectar con la naturaleza, la siesta, el chupito y la partida. Pero si quieres distinguir a los turistas de verdad en las calles de cualquier ciudad, verás que son los que miran hacia arriba. La felicidad está pues al alcance de la vista, aunque no sea exactamente lo que miremos ni nuestra visión. La felicidad es lograr vivir siempre como un turista. Vivir hacia delante para que no se salgan las chancletas y mirar hacia arriba.

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