Shikamoo, construir en positivo

Tanta buena gente...

19.08.2015 | 00:53
Tanta buena gente...

Buenas tardes tengan ustedes pasado el ecuador del mes de agosto, que poco más dará de sí antes de despedirse. Aquí me tienen, escribiéndoles casi de soslayo, rapidito, mientras me dispongo a tomar un cafecito para celebrar el santo de las cuatro Elenas de casa -La Nena, Malena, Helena y Malenita-, después de haber pasado una deliciosa tarde de amistad. Fue hablando de Chile, de Latinoamérica y de tantos procesos y disgustos, victorias morales y desastres materiales, en estas últimas décadas, en que tanta opresión, dictadura, falta de libertad, violencia y unas durísimas condiciones de vida para tantas personas fueron moneda común. ¿Y con quién? Pues lo he hecho con Mari Ángeles Martínez, una religiosa de ocho décadas de esas que han llevado en sus manos y en su cabeza acciones y decisiones muchas veces verdaderamente importantes, en terrenos como el de la seguridad, la salud y algo de bienestar para miles de personas. Una persona comprometida, con la que he hablado de buena gente.

Buena gente, entendido como suma de buenas personas. De la propia Mari Ángeles, por supuesto. Y de las y los protagonistas, por ejemplo, de tantas realidades que ella ha conocido por el mundo y que parten de principios de camaradería, ilusión por lo común, afán de superación, trabajo desprendido y generoso y mucha alegría. Tanta buena gente, aquí y en todas partes, que -de mil formas diferentes- se da por los demás esperando a cambio sólo que ellos, el día que puedan, lo hagan también por sus convecinos o quién sabe por quién. Gente entendida como suma de personas individuales dispuestas a sumar, por encima de todo.

La buena gente deja huella. Y hace poco ruido. Y su labor, por mucho que se haya visto obstaculizada, rota o directamente destruida desde instancias interesadas en que tal bien no se evidencie, es inmanente. Y no entiende de modas o tendencias. Lo bueno, si es bueno, dura y permanece. Lo bueno respeta al individuo sus valores, sus características más intrínsecas y su forma de vida, pero apuesta también por la colectividad. Lo bueno surge desde el amor, por encima de todo. Y la motivación de cada cual para el bien -religiosa, laica, filantrópica, humanista o porque_me_sale_de_dentro- suele confluir sin mayores problemas ni debates artificiales de conflictos montados desde intereses siempre externos.

Se puede hacer el bien aquí o en las profundidades de la selva del Congo. Se puede ayudar a quien muere de deshidratación en el desierto de Affar, o explicar matemáticas o idiomas a personas adultas que buscan una mayor capacitación en esa disciplina aquí mismo, en su barrio. Se puede acompañar a mujeres víctimas de esa pegajosa y execrable, dura e injustificable violencia de género en Kuala Lumpur, o en el mismísimo Castelldefels. Se puede luchar contra el siempre lucrativo y asqueroso mundo de la droga desde el fomento del ocio alternativo y el deporte, o apoyando la diversificación de cultivos en los campos de Bolivia. En cualquier desempeño voluntario o profesional, en cualquier parte del planeta, es posible hacer el bien y lo bueno. Y los demás, siempre, en algún momento lo reconocerán.

Hoy, hablando con Mari Ángeles, recordé a muchas buenas personas con pequeños y grandes emprendimientos por los demás. Algunas siguen entre nosotros y otras no. Unas son reconocidas mundialmente, y hasta algún Premio Nobel está en su trayectoria. Otras son personas que pasan absolutamente desapercibidas, y en algún caso incluso son totalmente anónimas. Pero su empeño y su ánimo fue y es, en todos los casos, el mismo. Por eso escribo este artículo, dedicado a la buena gente y sus buenos emprendimientos. Y a sus buenos logros y fracasos, que son los de todas y todos, y nos motivan para seguir adelante, probando nuevos modos y contándoselo. Y, sobre todo, disfrutando. Porque quien está convencido de que hace algo bueno por los demás disfruta con ello. Y quien disfruta con lo que hace siempre transmite su felicidad en su relación con los demás...

19 de agosto. Suma y sigue. Seguimos navegando. Piloto, pon proa al horizonte. Viento en popa a toda vela. ¡Vamos allá! Soplan buenos vientos, cargados de buenas intenciones...

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