Shikamoo, construir en positivo

Refugiados, con mayúscula

26.08.2015 | 00:44
Refugiados, con mayúscula

Si usted o yo, impelidos por una mala situación económica personal o de contexto, decidimos dar un paso adelante, liarnos la manta a la cabeza y comenzar a caminar -muchas veces literalmente- para buscar un lugar mejor donde desarrollar nuestras vidas o la de nuestras familias completas, seremos refugiados económicos. Un fenómeno cada vez más global, habida cuenta de la actual mundialización de la brecha social, con personas viviendo debajo del umbral de pobreza de sus respectivas sociedades absolutamente en todas las latitudes. Países ricos y países menos ricos tienen en común ya la existencia en ellos de una buena nómina de nacionales refugiados económicos, independientemente de que en el mismo territorio otros naden en la abundancia. Paradojas de esta forma de organizarnos, que mi amigo marciano sigue sin entender.

Refugiados económicos ha habido siempre, sí. Cuando mi tía puso rumbo a Europa para ganarse la vida -y bien que se la ganó- lo era. Cuando muchos gallegos cruzaron el charco y recalaron en la otrora opulenta Venezuela o en México, Uruguay o Argentina, también entraban en la categoría de refugiados económicos. Incluyan ustedes aquí a todos aquellos a los que les fue bien o muy bien, y que hoy pasean sus coches de lujo, ellos o sus herederos, por la Galicia interior. Y lo mismo para buena parte de las personas que, con el hambre o su amenaza en el estómago, han venido o vienen buscando una nueva oportunidad en España, o para los nacionales que han tenido y tienen que emigrar hoy. Que se lo digan a los casi cincuenta mil jóvenes, por ejemplo, que en cinco años han dejado Galicia intentando encontrar empleo en algún otro lugar. Todo un vértigo de cifras, y un buen bocado a una pirámide demográfica bastante maltrecha en términos de futuro...

Dicho todo esto, y no sin antes saludarles y reiterarles mi aprecio, les diré que una cuestión es esta que he tratado en el preámbulo, y otra, diferente, lo que está ocurriendo hoy en Europa. Mientras que los refugiados económicos, como yo si en este momento decido poner proa a otro lugar en busca de una mejora personal, son un tema motivado por el natural interés en progresar, o por una situación acuciante o incluso límite, pero de índole material, en nuestras fronteras se visibiliza hoy un fenómeno absolutamente diferente, de enorme dramatismo y con repercusiones legales yo entiendo que graves.

Y es que la legislación internacional es contundente a la hora de hablar de los refugiados políticos y por causas humanitarias. El refugiado económico merece comprensión, solidaridad y apoyo, pero el refugiado político tiene el derecho de atención inmediata, en virtud de tratados internacionales y del propio mandato de la Organización de Naciones Unidas. El llamado "deber de proteger" de los Estados es más que una declaración de intenciones o un panfleto sin mayor repercusión. Estamos hablando de obligaciones de carácter no moral, sino que atañen al derecho internacional y a la obligación, sí o sí, de las naciones.

Con todo, me parece bochornoso lo que está ocurriendo hoy en el este de Europa, en países como Italia, Hungría, Macedonia o Grecia. Si una sola persona proveniente de un país en conflicto solicita se le reconozca su condición de refugiado y se mira para otro lado, se está vulnerando y conculcando la legislación vigente. Existe un protocolo bien definido para estos casos, que en España tiene actores concretos tanto en la puesta en marcha como en su operación, y que ha de ser respetado en todas sus fases, incluida la de solicitud. Claro que, entre los que llegan, habrá refugiados meramente económicos y otros, en cambio, provenientes de territorios y en situaciones personales que ameritan una posible situación de peligro. Es obligación de los países de llegada poder discernir entre una y otra cosa, aplicando los recursos necesarios en su caso, según la normativa internacional. En el momento en que una persona es "solicitante de asilo político", Europa ha de actuar. Lo sabe, pero no lo hace, y finge estar desbordada. No es de recibo, ni legal.

Lo cierto es que una buena parte del mundo es hoy un verdadero avispero, y no por casualidad. Y, fruto de tal inestabilidad, la población civil en países como Siria está siendo diezmada. Ya hemos tratado aquí en otras ocasiones la situación crítica de la población civil en estados como Iraq. A poco que uno se interese por la cuestión, las agencias internacionales hablan, cada vez, de situaciones más dramáticas. Y mientras, parece que no pasase nada. ¡Vaya si pasa! Existe un verdadero holocausto más allá de nuestras fronteras y, ante tal tipo de situaciones, el derecho internacional es claro y contundente. ¡Pero no se está aplicando!

Les dejo... Y lo hago pidiéndoles que reflexionen sobre ello. Para pocas cuestiones que están desarrolladas como debieran en el campo de la acción multilateral humanitaria, las convenciones sobre el derecho de asilo sí lo están y hasta tienen cierta solera y antigüedad. Pero fallan, y aquí lo hacen estrepitosamente. Muchas de las personas que llegan a las fronteras vienen escapando de una muerte segura en Alepo, otras realidades en Siria o en diferentes lugares de Iraq, Afganistán o Eritrea, por ejemplo, cargando con sus hijos desnutridos y habiendo dejado toda una vida atrás. Y hay que actuar. No es cuestión ni siquiera de solidaridad o de justicia social. Lo es, en este caso, de legalidad.

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