Novatadas y Derecho penal

11.09.2015 | 13:55
Novatadas y Derecho penal

En breve comenzará el curso académico, y un año más, también lo harán las novatadas. Esa vieja tradición universitaria (y asimismo militar, aunque la supresión del servicio obligatorio las hizo desaparecer de la mili) no solo no se ha mitigado sino que ha ido a más en los últimos años, habiendo llegado a adquieren muchos casos la categoría de delito. Sin duda, una novatada simpática o una broma entre compañeros son admisibles e incluso deseables para romper el hielo cuando se trata de integrarse en un grupo humano, sobre todo en edades jóvenes. Pero la clave para su aceptación radica en la voluntariedad de los participantes en un contexto de plena libertad y respeto a la dignidad.

Lamentablemente, en los colegios mayores y demás lugares de convivencia universitaria, junto a bellísimas personas, también moran auténticos salvajes y consumados canallas de uno y otro sexo que en las primeras semanas del curso se esmeran en convertir esos lugares en delegaciones de alguna penitenciaría del tercer mundo (permítaseme la hipérbole). Consciente de ello, la Policía Nacional está tratando de desincentivar estos mal entendidos "ritos iniciáticos" informando a los eventuales implicados de las posibles conductas delictivas que se podrían llegar a cometer, que no son pocas.

Por ejemplo, a algunos puede parecerles divertido encerrar a un novato en un armario un par de horitas ¿verdad? Pues bien, además de no vérsele la gracia por ningún lado, eso constituye un delito de detención ilegal castigado con pena de dos a cuatro años de prisión. Otra presunta "bromita" como ponerle un collar al novato (o a la novata) y una correa y pasearlos como si fueran un perro también tiene su respuesta penal: se llama delito contra la integridad moral y previsión de una pena de seis meses a dos años de prisión. Adentrándonos ya en la esfera de la intimidad sexual, a lo mejor al veterano de turno le da por conminar al pobre novato a que se toque sus genitales para que sus amigotes se echen unas risas. Pues resulta que también estamos ante una infracción penal: un delito de abuso sexual castigado con pena de prisión de uno a tres años o multa de dieciocho a veinticuatro meses. Y puede que a algún humorista frustrado aún se le antoje hacer pasar a los novatos y a las novatas en fila para ir recibiendo pescozones de los veteranos y las veteranas. Pues delito de maltrato de obra al canto. Las ocurrencias pueden ser muchas más, pero lo que está presente en todas ellas es siempre una relación desnivelada entre víctimas y agresores y una falta de libertad de elección de aquellas. Se dan en un contexto de relación de poder y sometimiento que se va a perpetuar con actores diferentes, pues quien el primer año es agredido al siguiente se convertirá en agresor, ya que incluso este papel no siempre se adquiere voluntariamente sino a menudo por la presión del propio grupo, que no consiente deserciones.

Naturalmente, no es un fenómeno exclusivo de nuestro país (la mezquindad, por desgracia, es un fenómeno internacional), y ni siquiera en esto estamos en posición destacada, pues en otros lugares el problema aún es mayor y se ha tenido que actuar con contundencia ante los excesos cometidos. Pero la "marca España" se hace notar sin duda con originalidad. Así, las novatadas más extendidas parecen ser las siguientes: los novatos hacen de ceniceros extendiendo la mano para que los veteranos viertan la ceniza de sus cigarrillos (a veces lo hacen en su boca); duchas de agua fría, juntos o separados los novatos, desnudos o vestidos. En ocasiones, se les despierta varias veces por la noche para repetir; tener que lavarse los dientes con la escobilla del WC; ponerles grapas en la piel cuando se han producido lesiones por otras novatadas; pintarles a los chicos un testículo de verde y el otro de rojo para que hagan de semáforo; se les hace pasar por un pasillo humano donde se les azuza y, entre gritos, se les arrojan huevos y harina (a veces se les han arrojado sustancias peligrosas como disolventes o sosa cáustica); desplazarse con las nalgas desnudas por el suelo; las novatas sirven la comida a los veteranos y tienen que sentarse en su regazo y darles la sopa con la cuchara; se echan monedas al WC para que los novatos las tomen con la boca, etc.

Claro que, a veces, los novatos salen respondones y suceden cosas como estas (verídicas de mi época): al novato al que se le hace servir la sopa de todos los veteranos decide que ya está bien y coge la sopera (aún llena de sopa caliente) para ponérsela de sombrero al cabecilla; el novato al que se le ducha con la ropa puesta una y otra vez sigue con una sonrisa de oreja a oreja pese a que ya no deben quedarle muchas prendas secas. Pero su júbilo respondía a una buena razón: el armario al que acudía nuevamente en busca de más ropa seca no era el suyo sino el de los veteranos que patrocinaban el evento? Justicia poética.

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