El Papa y el himno

29.09.2015 | 01:08
El Papa y el himno

No hay obispo tonto, existen dudas respecto al de Solsona, no está claro si lo es de remate o se pasa de listo, lo cual resulta más grave, pues los de esta naturaleza, siempre maliciosos, son más peligrosos que un chimpancé con una gillette. El obispo de Roma, que es el jefe de todos los mitrados, forzosamente no tiene que ser el más listo, pero pueden tener la seguridad de que está entre los primeros de la clase, su reciente gira americana lo patentiza. En Cuba estuvo de lo más moderado, pero poco a poco parece que está arreglando la cosa, por ello la prudencia tiene que imperar en todas sus actuaciones. Consiguió llevar a misa a Raúl Castro, lo que no es moco de pavo, claro que, sin duda para compensar, el hermano pequeño del Comandante metió en la trena a tres o cuatro disidentes. Empate a los puntos, si acaso con una pequeña ventaja para Francisco I.

Mejor discurrieron las cosas en USA. En el Congreso, después de recibir una larga aunque fría y protocolaria ovación, se metió en el bolsillo a ambas Cámaras, apenas al minuto de iniciar su discurso, agradeciendo el honor de ser recibido "en la tierra de los hombres libres y en el hogar de los valientes". Estas últimas palabras del himno americano llenaron de entusiasmo a senadores y representantes que se pusieron en pie y aplaudieron a reventar. Como decimos los taurinos, las palmas echaban humo. A partir de ese momento todo fue coser y cantar, 27 ovaciones interrumpieron el discurso de Su Santidad. Lo dicho, se los metió en el bolsillo. Solamente no agradaron a algunos grupos las referencias al medio ambiente y a la abolición de la pena de muerte, pero su intervención fue realmente apoteósica; las puertas del éxito las abrió su referencia al himno.

Los americanos adoran su himno y su bandera "salpicada de estrellas". En la Super Bowl anual se ve claramente; cuando enfocan a los jugadores, moles de cien kilos que hacen en 11 segundos los 100 metros, se les puede ver con los ojos llorosos, respetuosos, emocionados. A ver quién es el guapo que se atreve a silbar el himno americano en los momentos solemnes o menos solemnes como cuando se iza la bandera en los colegios. Igualito que aquí en la final de Copa, con el estadio lleno hasta la bandera y con la lamentable asistencia de buen número de becerros silbones, salvaje especie muy adecuada para ser montada en rodeos y acudir a la rapa das bestas para que les hagan la toilette anual. Los americanos no serán demasiado cultos, pero todos conocen y respetan al himno y la bandera de la Unión. Puede que no sepan cómo es la de su estado federado, pero la de las barras y estrellas está en todos los hogares y corazones.

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