Al trasluz

Tono de despedida en la hora de la verdad

15.10.2015 | 00:42
Tono de despedida en la hora de la verdad

A todos, incluidos los suyos, el discurso de Feijóo les sonó a despedida. Ni leyendo entre líneas se puede deducir con un mínimo de rigor que don Alberto haya querido mandar un mensaje de final de etapa. Sin embargo, el tono general de lo que dijo y sobre todo la imposibilidad de contener la emoción en las frases finales, cargadas de solemnidad casi tanto como de gratitud, denotan un convencimiento íntimo de que no volverá a subirse a la tribuna de O Hórreo para nada que se parezca a un debate de investidura o de política general. Aunque falta todavía un año para que acabe la legislatura.

Si bien tocaba hacer balance de lo hecho en los últimos doce meses, lo que se escuchó en la sesión matinal fue un recuento más o menos exhaustivo de seis años de gestión gubernamental. Fueron constantes, y hasta cansinas, las referencias a la Galicia de 2009, la que Feijóo heredó del bipartito PSOE-Benegá de Touriño y Quintana, y a lo mucho que, para bien, cambió el panorama desde que el Partido Popular reconquistó San Caetano. Tal vez la oposición vaya demasiado lejos con sus descalificaciones y sus acusaciones de triunfalismo, pero aún así pudo apreciarse un cierto exceso de optimismo, junto a la habitual ausencia de una mínima autocrítica, a la que tanta alergia tienen los gobernantes.

La tesis central del discurso presidencial es que, gracias a la eficacia gestora de Feijóo y su equipo, Galicia atravesó las procelosas aguas de la crisis con menos daños y perjuicios que muchas otras comunidades, empezando por las que tenemos por ricas y prósperas. Incluso se hizo más con menos en un ejercicio de ingeniería financiero-presupuestaria, rayana en la prestidigitación, que permitió mantener el núcleo duro de los servicios básicos mientras descendían los recursos y al tiempo que se ajustaba el déficit, por imperativo legal. Ahora, sostiene don Alberto, con esos deberes hechos, estamos en condiciones de establecer otras prioridades. Gracias a lo ahorrado, en adelante podemos permitirnos algunas alegrías en el gasto y la inversión.

El presidente de la Xunta se atuvo al guión y a lo que cabía esperar de él, presentando la batería de medidas estrella para la recta final de la legislatura. La nueva hoja de ruta se resume en menos impuestos y más gasto social. Se trata de hacer llegar a la ciudadanía -o al menos a una parte de ella- los réditos que le corresponden por los sacrificios que supuso la política de austeridad, cuya defunción quedará certificada en el proyecto de presupuestos para 2016 que en cuestión de días entrará en el Parlamento. Unas cuentas expansivas para un año electoral.

El debate del estado de la autonomía marca el arranque de lo que se vislumbra como una larguísima campaña electoral, que pasa por las generales del 20 de diciembre y las autonómicas del año que viene por estas fechas. El líder del Pepedegá sabe que estas dos citas con las urnas son como una primera y una segunda vuelta en un mismo proceso, en el que se dirime si Galicia seguirá o no gobernada por el centro derecha. La remodelación del gobierno autonómico, la renovación de ideas, actitudes y personas en el partido y la forma de encarar el "último" gran duelo parlamentario con la oposición indican a las claras que para Feijóo esta es también la hora de la verdad.

Entre los suyos, incluidos algunos de los más cercanos, se extiende la idea de que el presidente no concurrirá a la reelección, que no será el cabeza de cartel en 2016, pero que se comprometerá hasta el final, y sin reservas, con el proyecto político que diseñó y encabezó tras suceder a Fraga. No levantará el pie del acelerador, sino que pondrá en el asador toda la carne que haya que poner para que el PP siga gobernando esta comunidad, pase lo que pase en Madrid. Qué mejor broche a su larga trayectoria política que irse dejando el bastón de mando del partido y de la Xunta en manos de alguien que haya merecido al mismo tiempo su confianza personal y la mayoritaria de los gallegos. Seguramente sería recordado por ese doble acierto final tanto o más que por los siete años de gestión.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine