Shikamoo, construir en positivo

Hasta siempre, Rabudo

17.10.2015 | 01:06
Hasta siempre, Rabudo

Hace algunos años, cuando yo empecé a contar cosas relacionadas con lo social, la pobreza y la exclusión, conocí al periodista Nacho Mirás. Corría el segundo lustro de los noventa, y coincidimos en alguno de los múltiples foros que tienen que ver con la comunicación y lo social. Desde entonces, de una u otra manera, he ido teniendo conocimiento de él y de su trabajo. Leyendo sus crónicas siempre especiales, aportándole algún dato, saludándonos de nuevo en algún evento o, como he ido haciendo a lo largo y ancho de ciento ochenta y un posts mágicos en su blog, acompañándole en la sombra en su larga batalla contra la enfermedad. Como tantos otros amigos, conocidos, desconocidos y admiradores.

Ayer, viendo esa cosa posmoderna del Twitter, leí que Nacho nos había dejado. Un tiempo antes, también por medio de las redes sociales, otras personas comunes anunciaban lo delicada que estaba su salud. Una realidad que el mismo Nacho se había ocupado de ir contándonos personalmente en su blog, con ironía y mucha entereza e ilusión, no exenta del más crudo realismo, hasta el pasado 28 de junio, día en el que por última vez pudo asomarse a su ventana al mundo. Desde entonces hasta ayer, salvando un par de mensajes de otras personas, nada más supe de él.

Hoy, después de la noticia de ayer, dedico esta columna a Nacho Mirás a modo de homenaje. Y lo hago porque fue un contador de historias, un periodista interesado verdaderamente por su trabajo, y por la capacidad -a partir de él-, de producir cierta transformación social. Y esto en un momento en el que los medios de comunicación atraviesan una doble crisis, la económica y, mucho más importante, la de modelo, la estructural de su papel en la transmisión de información a una sociedad con muchos más canales para obtenerla. Un momento verdaderamente retador y lleno de dificultades en las empresas de comunicación de todo tipo. Creo que el mérito está, en estos momentos complejos, en no cejar en el intento de preparar un mundo mejor para los que vienen detrás. También desde la comunicación. Hablando de cáncer, de crónica social o de lo que toque.

Soy de los que creen que una comunicación que busque la excelencia, el servicio público y la aproximación más exacta a la verdad, es fundamental para afrontar los nuevos tiempos, presentes y futuros. Un nuevo paradigma que viene acompañado de cuatro jinetes del apocalipsis que hacen estragos, y que es preciso combatir desde el discurso y la información contrastada y bien centrada. Por un lado, la inequidad, el germen de todos los males que campa cada vez más a sus anchas, sin entender de fronteras. En segundo lugar, un marketing político mal entendido, que trata de reducir todo a un titular conveniente, banalizando realidades mucho más complejas y objetivas. Un tercer factor, para mí, es la desmesura en la cantidad de información disponible y no contrastada, que produce un efecto altamente pernicioso, comparable a su falta. Y el cuarto, relacionado con esto, la ausencia generalizada de criterio y capacidad de análisis crítico sobre los más diversos temas que afectan a lo común.

Con todo, es importante el discurso bien hilvanado de los periodistas de raza. Y ahí estaba Nacho Mirás. Estaba y seguirá estando, porque su trabajo queda. Todo él. Y, muy en especial, su libro El mejor peor momento de mi vida, que recoge su lucha a muerte contra el cáncer, en la que desgraciadamente no venció. Un testimonio que constituye una gran ayuda para las personas ante un conjunto de patologías que, cada día mucho más, se superan bien y a las que se les sobrevive sin mayor secuela. Pero ante las que, también, hay episodios irreversibles. Con el libro, con su blog y con su testimonio Nacho ha dado aliento a muchas personas, y su ejemplo no será en vano.

Bueno. Ahora Nacho estará con el maestro José Luis Alvite, otro periodista de raza, cuyo óbito él también lloró en su blog. Juntos, no cabe duda, han contado mucho de lo mejor y lo peor de nosotros mismos y nuestra sociedad... Descansen en paz y conserven nuestro afecto.

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