¿Qué ocurrirá el próximo 20-D?

27.10.2015 | 01:20
¿Qué ocurrirá el próximo 20-D?

A quién no le gustaría tener el poder de la adivinación en estos momentos políticos, tan convulsos, que estamos viviendo? Realmente son apasionantes para los ciudadanos y para los que se dedican, con más o menos acierto, a pronosticar el antes y el después del 20-D, la composición de las cámaras y los posibles pactos de gobierno, habida cuenta de que las mayorías absolutas están descartadas. La fecha de las elecciones generales se acerca con su largo pero firme caminar; están a la vuelta de la esquina. Consecuentemente, el próximo gobierno se configurará por medio de pactos y alianzas entre formaciones políticas, irreconciliables política e ideológicamente, rivales en la forma y en el fondo que deberán intentar, con sentidiño, aparcar sus diferencias en aras del interés general. Está claro (no hace falta ser un adivino) que los acuerdos, entre formaciones de distinto pelaje, serán el pan nuestro de cada día y habrá que estar prevenidos, habida cuenta el poder es una droga que influye, negativamente, impulsando las ambiciones de aquellos que, en principio, ocupan sus escaños, se supone, para servir al pueblo que los ha elegido. Cada uno tiene derecho a pensar y hacer su propia quiniela. Personalmente, ojalá me equivoque, de seguir tensándose la política por los acontecimientos territoriales y las distintas formas de proponer soluciones que, como se puede apreciar, van desde la coacción y chantaje de CDC, ERC y CUP, a la amenaza continuada del PP y la propuesta de reforma de la CE del PSOE, el entendimiento y acercamiento de posturas de los que optan a presidir el Gobierno de España, es más difícil de conseguir que un león y una hiena compartan, amigablemente, una selvática degustación de gacela, cebra o ñú. Otra cuestión a tener en cuenta es la confección de las listas; en este tema hay "tiros", las rebeliones internas están provocando que fuerzas políticas, con aspiraciones a gobernar o ser oposición parlamentaria, intenten hacer profundas renovaciones y se den de bruces con las ambiciones de aquellos militantes, más menos históricos, que exigen estar presentes en puestos que garanticen un sillón en las Cortes Generales. Así las cosas, es una incógnita el futuro que nos deparan los resultados del 20-D. En principio podríamos pedir que no hubiese, o fuese muy minoritaria, la abstención. Que los sufragios indiquen y sirvan para dar un toque de atención a los que pretenden perpetuarse y seguir ocupando los escaños para que todo siga igual. Que los futuros electos, sus ideologías y sus partidos, aparquen sus personalismos y gobiernen para el pueblo y con el pueblo, con la vista puesta en las necesidades ciudadanas, favoreciendo el bienestar y recuperando la unidad dentro de la pluralidad del territorio hispano. De lo que ocurra el próximo 20-D, depende la recuperación del diálogo político, la economía y otros derechos fundamentales cercenados por los famosos recortes. Ahora bien, hay que eliminar el tazón de café solo o con leche igual para todas las CCAA. Sería bueno que los formaciones políticas democráticas, abordasen, prioritariamente, en sus programas, una reforma (sin complejos ni trabas partidarias) de la CE que pusiese orden en la actual organización territorial (Estado de las autonomías) viciada, vacía de contenido y caducada.

Por cierto, ya han aparecido las primeras encuestas sobre la intención del voto y, curiosamente, un diario madrileño fundado a principios del pasado siglo, de línea monárquica (ahora anárquica), ultraconservadora y profundamente católica, ha publicado un sondeo que da como ganador, de las citadas elecciones del 20-D, por mayoría muy simple, al PP. ¿Cuánto le costaría al citado diario encargar tal averiguación? Carece de fiabilidad, huele a chamusquina y de propaganda interesada a favor de la formación de la derecha radical que está presente en el seno el PP.

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