Shikamoo, construir en positivo

Ayer fue el Día Internacional del Niño

21.11.2015 | 01:00
Ayer fue el Día Internacional del Niño

Buenos días. Nuevo tema de corte social en esta columna, en un momento especialmente delicado y revuelto en el panorama internacional. Un escenario, no les quepa duda, que ni es flor de un día ni cabe interpretar como un conjunto de hechos aislados.

El mundo en el que vivimos es el resultado de todos y cada uno de los aportes que, imperceptibles a veces, vamos dando entre todas y todos a esto que modelamos conjuntamente y que se llama sociedad y convivencia.

Y, sinceramente, me preocupa lo que veo. Es evidente que en ello hay conductas francamente execrables y fuera de cualquier lógica que pueda ser llamada humana, como ustedes bien saben a estas alturas. Pero todo eso se sustenta en un poso mucho más complejo, con actores no siempre claros en sus planteamientos y con variables ocultas que bien ameritan un análisis sosegado y un razonamiento complejo, más allá de las conversaciones iletradas, propias de charlas de taberna, que pululan hoy por internet y otros canales variopintos.

Desolación, sin duda, y también indignación. Pero no perdamos la cabeza... Y, menos aún, la razón y una cierta perspectiva. Y es que, a partir de ahí, no habría retorno en un camino -como nos muestran la historia antigua pero, sobre todo, la más reciente- directo al fracaso más estrepitoso.

Por eso hoy, abundando en los temas importantes, aún reconociendo las urgencias que están encima de cualquier mesa de redacción, voy a tratar otro asunto, el de la situación de los niños y las niñas en tal convulsa situación global. Porque ayer mismo fue el Día Internacional del Niño, y no hay mucho que celebrar. La situación en torno al colectivo de menores de edad, vista con perspectiva general, no ha ido evolucionando en las últimas décadas en el sentido y ritmo que hubiese parecido razonable. Ni hay hoy menor prevalencia de determinadas enfermedades y procesos que matan a muchos niños antes de cumplir los cinco años, ni los niños y niñas del mundo están realmente más protegidos que en un pasado reciente en el que nos imaginábamos que estos tiempos serían manifiestamente mejores. Es más, nadie puede permanecer ajeno al hecho de que los últimos acontecimientos luctuosos en el mundo han traído, y siguen arrojando, enormes cifras de niños damnificados.

En el año 1959, Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, un 20 de noviembre. Y, treinta años más tarde, el 20 de noviembre de 1989, se logró aprobar el texto final de la Convención de los Derechos del Niño, después de arduas negociaciones con los países. Este tratado internacional es el más ratificado de la historia, pero eso no quiere decir, en modo alguno, que los niños y, sobre todo, las niñas del siglo XXI vean reconocidos sus derechos. Se supone que tienen derecho a la salud, la educación y la protección, independientemente del entorno en el que hayan nacido. Pero estas son palabras vacuas y mero papel mojado, todavía, en el contexto de muchas realidades.

Treinta millones de niños y niñas viven hoy en el mundo sin un techo que les cobije, por ejemplo. Y ochenta y seis millones de niñas -recuerden que ser mujer sigue siendo un factor de riesgo para vivir en situación de pobreza- crecen sin poder ir a la escuela. Ser mujer, pobre y menor de edad complica la perspectiva vital para más de quinientos millones de personas en el mundo, habitantes de zonas marginales y extremadamente marginales de las realidades urbanas. Un panorama puesto de manifiesto por la organización PLAN en la presentación de su Cuarto informe sobre la situación de las niñas en el mundo, y corroborado por distintos datos oficiales en materia de acceso de los más pequeños a las antedichas educación y salud, así como a una alimentación equilibrada y a una protección integral.

A mayor inequidad, más difícil será garantizar estos derechos para la población general y, especialmente, para las personitas más pequeñas. Me refiero, por ejemplo, a la mayor inequidad en nuestra propia sociedad europea y, en particular, española, cuyo impacto ya se ha notado en muchos de los indicadores de referencia en tal temática. O a la creciente desigualdad en lo regional y global, provocada por el brusco deterioro en las condiciones de vida de millones de personas tras el recrudecimiento de conflictos enquistados en lugares como Iraq, Siria o Afganistán. Mayor desigualdad que, como suele acontecer, se cebará sobre todo en los más desprotegidos. Tengan claro que la infancia siempre se lleva la peor parte cuando las cosas se tuercen. Y, esta vez, no va a ser menos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine